Tribuna

Provocar el futuro

La inversión en I+D+i es una apuesta que debe ser constante

España ha estado demasiado tiempo sin Gobierno, lo que ha supuesto un grado de paralización provocado por la falta de entendimiento entre representantes de los partidos políticos. Constato que esta situación ha generado consecuencias en la actividad económica y empresarial. Las empresas, ante esta situación, nos hemos visto obligadas a hacer más esfuerzos en todos los órdenes, ante el miedo y la incertidumbre que han afectado al consumidor y a los mercados. La resiliencia y la capacidad de adaptación a los cambios han sido los actos que han tenido más sentido en este tiempo, siempre a base de perseverancia, confianza y energía. Hay que admitir, no obstante, que la dinámica y la inercia positiva de la empresa española venían de una situación mejorada respecto a años atrás. Sin embargo, nada es eterno y, por fortuna, ya tenemos un Gobierno.

En este tiempo global de nuevos partidos, parálisis indefinidas, ideologías renacidas y cambiantes y de transformaciones notables, los empresarios no podemos esperar a adaptarnos a los cambios, sino que, visto lo visto, debemos generarlos. Tomar protagonismo y provocar el futuro. Para incentivar el cambio en el área empresarial hay una máxima que es la innovación. ¿Qué ha sucedido en España en los últimos años en esta materia? Según el informe elaborado por EAE Business School en La inversión en I+D+i en 2016, en España se invirtieron 12.820 millones de euros en 2014 en estas actividades, una caída del 1,47% respecto a 2013 y un descenso acumulado del 12% desde 2010.

Basta imaginarse, a falta de datos actualizados a cierre de ejercicio, qué consecuencia ha podido tener la incertidumbre política y económica en el capítulo de inversiones en innovación empresarial en los últimos meses. A pesar de ello, la empresa debe mantener la estrategia y una altura de miras que favorezca la adecuación a los cambios del consumidor y de la sociedad, y en este camino, la inversión en I+D+i es una apuesta que debe ser constante y cuyo resultado, aunque incierto, suele ser ganador.

La mezcla de creatividad, tecnología y perseverancia forman un plan de acción vital para el presente y el futuro de nuestro sector. Ser una referencia empresarial sectorial en innovación no es en muchos casos directamente proporcional a la capacidad de soporte de inversión, sino que depende de la predisposición al esfuerzo y a la estrategia, mantenida e incrementada a lo largo del tiempo.

Puede parecer paradójico hablar de innovación cuando la tierra es nuestro principal activo. Pero la obligación hacia el consumidor impulsa a apostar por los niveles más estrictos de calidad en búsqueda de la excelencia, controlando en todo momento el estado de las viñas y olivos, la optimización de procesos, sus necesidades e información actualizada que permiten una actuación inmediata.

En esta tarea toma especial protagonismo el acceso a la industria 4.0 aplicando a los cultivos de la vid y el olivar la agricultura de precisión a partir de la cuarta revolución industrial, digitalizando y coordinando los procesos productivos para obtener datos hasta el momento inaccesibles. El uso de sensores inalámbricos, imágenes de satélites y drones permiten recibir una información muy relevante para la toma de decisiones y un manejo del cultivo más respetuoso reduciendo biosanitarios, herbicidas, plaguicidas y agua, lo que conlleva un importante beneficio medioambiental.

En esta vertiente de adelantarse a los cambios y de introducir la I+D+i, los consumidores y las nuevas tendencias deben situarse como primer vértice. En un sector convencional y de tradición centenaria como el vinícola, ese espíritu no debe llevar a la renuncia de evolucionar en productos y servicios para nuevos tipos de público, desde los nuevos consumidores más jóvenes hasta aquellos con mayor conciencia medioambiental, o quienes tienen intolerancias de cualquier tipo.

Y para ello, nuevas disciplinas se incorporan y analizan los procesos de reflexión como el neuromarketing, una práctica que incide en la capacidad sensorial que influye en el consumidor. Las preferencias del consumidor siempre han sido y serán el elemento determinante. Como magistralmente explicó Peter Drucker, “allí donde hay una empresa de éxito alguien tomó alguna vez una decisión valiente”. El futuro empresarial no se escribe en presente, sino que se dibuja creando e innovando nuevos objetivos de cara al futuro.

Carlos Moro Presidente de Grupo Matarromera

 

 

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