Editorial

Comisiones por la rentabilidad

Una práctica que contribuiría a racionalizar y valorar la gestión sería que las comisiones se limitasen a la gestión y que estuviesen ligadas al desempeño

La industria de los fondos de inversión y pensiones ha visto cómo las autoridades económicas establecían un sistema de comisiones máximas de gestión para evitar niveles cuasi confiscatorios de la rentabilidad en muchos casos, y considera ahora que, en un escenario de tipos de interés nominales muy bajos, el recorrido bajista de las comisiones está ya agotado. La banca tradicional, que copa el mercado de los fondos de inversión y la captación de ahorro privado, ha encontrado en la gestión de los fondos una fuente de ingresos jugosa que palia en parte las dificultades que ofrece el negocio típico por la estrechez de los márgenes de intermediación. Pese a las decisiones administrativas, los gestores y comercializadores de fondos de inversión mantienen una panoplia de comisiones muy amplia, y con horquillas cuantitativas muy abiertas; en muchos casos son tan elevadas que llevan a cero la rentabilidad del ahorro, entre otras cosas por los retornos tan limitados de una buena batería de productos conservadores en los que está alojado el dinero. Una práctica que contribuiría a racionalizar y valorar la gestión sería que las comisiones se limitasen a la gestión, y que estuviesen ligadas al desempeño, de tal forma que la tasa cobrada fuese un porcentaje sobre la plusvalía generada, y nunca sobre el patrimonio acumulado.

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