Editorial

El FMI advierte

Los diagnósticos del FMI no siempre aciertan y sus recetas muchas veces resultan discutibles. En ocasiones, como en su marcha atrás en la necesidad de aplicar duras políticas de austeridad contra la crisis, rectifica. No por ello, sin embargo, hay que echar en saco roto las recomendaciones de sus economistas. Y menos cuando, como en su último análisis sobre la economía española, aparecen indicaciones cargadas de razón. La primera, a tener muy en cuenta entre la lista de deberes, es la alerta de que el crecimiento se verá lastrado por la débil subida de la productividad y el elevado desempleo estructural. Y eso después de destacar que las “impresionantes reformas” aplicadas en la crisis han atenuado ese riesgo y España es hoy más resistente y disfruta de una “vigorosa recuperación”. El peligro, claro, es frenar esas reformas. Quedan muchas y de calado para subir productividad y combatir el paro –y sin abaratar el despido, como pedía en informes anteriores–, pero también en educación, innovación o financiación autonómica. Que esta se ligue a los resultados es la línea a seguir, como lo es potenciar la unidad de mercado y la consolidación fiscal para aminorar la gigantesca deuda pública. “No sugerimos austeridad. El ajuste puede ser gradual y hacerse con subidas de impuestos”, dice el FMI. Cierto que hay margen en los especiales o para crear nuevas tasas ambientales, e incluso, como propone, para subir el tipo reducido del IVA, pero para preservar el equilibrio las rentas deben estar en el mismo nivel.

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