Editorial

Conductismo fiscal, ahorro e inversión

Por ahora, ahorro a largo y neutralidad patrimonial

Conductismo fiscal, ahorro e inversión

Diciembre es el mes que los contribuyentes utilizan para ajustar la factura fiscal, con movimientos en sus rentas y en sus inversiones. España dispone de una de las más bajas proporciones de ahorro y de inversión financiera por la tradicional relación de sus habitantes con la economía, y solo los instrumentos fiscales han movilizado las decisiones más trascendentales en las últimas décadas, y siguen haciéndolo en la actualidad. En un país cuyas arcas públicas ingresan el 38% de lo que se produce existe margen suficiente para practicar conductismo fiscal, para condicionar las decisiones de inversión de los contribuyentes con estímulos al ahorro a largo plazo o a capitalizar determinados activos de la economía. Durante varios años España vivió embobada en las deducciones por la compra de hasta la tercera vivienda, hasta que la presión de la UE y la incapacidad financiera para soportarlas aconsejaron eliminar, en 2013, los incentivos fiscales a la adquisición de casas, que tanto habían contribuido a generar una descomunal burbuja inmobiliaria, de crédito y de deudas de la que todavía hoy nos estamos resarciendo.

Salvo determinadas desgravaciones en algunas autonomías a la formación de los hijos o la compra de participaciones en nuevas empresas cotizadas, el activismo fiscal se centra en el fomento del ahorro a largo plazo, con deducciones muy elevadas en la capitalización de fondos de pensiones, y en cierta neutralidad del tratamiento de las ganancias y pérdidas patrimoniales. Seguramente volcar los estímulos tributarios en la capitalización de proyectos de tecnología e innovación, además de la formación en idiomas a nivel nacional, y más allá de lo ya existente en el impuesto sobre beneficios de las sociedades, es lo que la economía precisa para construir un modelo productivo que pueda competir con las economías del conocimiento y los países manufactureros más adelantados del mundo. Pero por ahora, ahorro a largo y neutralidad patrimonial.

Por ello diciembre se ha convertido en el verdadero mes en el que los contribuyentes hacen equilibrios con sus inversiones para construir una liquidación con Hacienda ajustada a sus deseos. Realizan plusvalías y minusvalías en operaciones paralelas, ya sean de viviendas, fondos de inversión o acciones; ceban fondos de pensiones; o cobran con formatos elusivos determinados dividendos de cotizadas para minimizar el cargo tributario. Más allá del oxígeno tributario que proporcionan las aportaciones a la previsión del futuro, los inversores deben mirar más allá de la liquidación del IRPF de la próxima primavera, y considerar que las circunstancias demográficas y económicas aconsejan buscar alternativas que complementen las prestaciones públicas. Y para ello hay varias herramientas en la normativa fiscal al alcance de todos, independientemente de los niveles de renta de cada cual.

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