Referéndum en Italia

Bruselas deja solo a Renzi frente a su órdago político

La UE abandona a Renzi suerte, convencida de que su derrota no provocará una crisis grave

El primer ministro italiano se ha quedado sin aliados en Bruselas, Berlín y París

El primer ministro italiano, Matteo Renzi, durante un mitin a favor del Sí en el referéndum del 4 de diciembre sobre la reforma de la Constitución.
El primer ministro italiano, Matteo Renzi, durante un mitin a favor del Sí en el referéndum del 4 de diciembre sobre la reforma de la Constitución. REUTERS

La victoria del brexit sorprendió desprevenidas a las instituciones europeas y la de Trump las dejó anonadadas. Pero esos tremendos zurriagazos hacen que Bruselas afronte con cierta calma, teñida de regocijo, el referéndum en Italia del próximo domingo.

La UE y la zona euro se sienten fuertes para afrontar cualquier resultado, incluido el más previsible, que apunta a una victoria del no a la reforma de la constitución planteada por el Gobierno del socialista Matteo Renzi. Y, sobre todo, Bruselas no parece dispuesta a gastar su pólvora en ayudar a un primer ministro que se ha destacado por sus críticas a las instituciones comunitarias y que llegó al poder tras defenestrar a su predecesor, Enrico Letta, quien contaba (y cuenta) con grandes apoyos en la capital europea.

Es muy probable que venza el no, pero también es muy probable que ese resultado no desencadene una profunda crisis política”, tranquiliza un alto cargo comunitario a solo cinco días de la consulta. La mismafuente pronostica que la derrota del Gobierno “podría costarle el puesto a Renzi, pero ni siquiera en ese caso parece probable que se convoquen nuevas elecciones”.

La tranquilidad de Bruselas ante un probable batacazo en la tercera economía de la zona euro parece responder a tres factores, de tipo estructural, coyuntural y político.

La UE ve fácil de digerir una victoria del no en el referéndum italiano

Por un lado, la zona euro se encuentra mucho más fuerte que hace tres años, cuando cualquier avatar político sacudía los cimientos de la moneda única.

El BCE, además, mantiene a raya las primas de riesgo para evitar que los problemas de un país se contagien a otro. En el caso del referéndum de Renzi, por ejemplo, la tensión previa ha ampliado en 90 puntos básicos la brecha entre el bono italiano y el alemán, pero la prima del riesgo italiano apenas se ha contagiado y solo ha aumentado seis puntos básicos.

El BCE dispone de munición de sobra, según los analistas, para contener la tensión el próximo lunes, si los mercados se agitan tras el referéndum.

A ello se añade que los analistas calculan que los mercados ya han adelantado gran parte del ajuste que provocaría una victoria del no y que el castigo se ha centrado en la Bolsa italiana casi en exclusiva.

La actitud de Bruselas ante el referéndum también viene marcada por un cierto deseo de escarmentar a los Gobiernos que de manera inopinada se juegan su futuro en una consulta.

Renzi aseguraba ayer mismo que las instituciones europeas y sus socios de la zona euro apoyan las reformas planteadas, pero lo cierto es que las principales capitales se han puesto de perfil en la recta final del referéndum y han apostado porque la votación se convierta en un problema exclusivamente italiano.

La lección a Renzi servirá para otros Gobiernos, en un clima en que se generaliza la tendencia a recurrir a los plebiscitos. Reino Unido ya está sufriendo un escarmiento similar, tras la decisión del anterior primer ministro, David Cameron, de jugarse en las urnas 43 años de pertenencia a la UE. Dinamarca está probando la misma medicina tras votar no a las políticas en materia policial, una consulta que puede dejar al país nórdico, muy a su pesar, fuera de Europol.

En el caso de Renzi se añade, además, un problema personal. El primer ministro italiano ha roto puentes con casi todos sus colegas europeos. Con el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, por la resistencia de Bruselas a ampliar de manera indefinida el margen presupuestario concedido a Roma. Y con la canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente francés, François Hollande, por negarse, según Renzi, a prestar más ayuda a Italia en la crisis de refugiados.

Para desgracia de Renzi, Bruselas y Berlín han interpretado sus protestas como un mero populismo para granjearse la simpatía de su electorado, aún a costa de fomentar el euroescepticismo en un país donde apenas el 50% de la población considera positiva la pertenencia al euro, según los sondeos de la CE.

El juego de Renzi no parece haberle dado resultado y el referéndum del domingo, convocado para quitar poder al Senado y a las autoridades regionales, se ha transformado en un plebiscito sobre su figura.

Bruselas intuye que su derrota agitará los mercados durante unas horas o días. Pero calcula que puede ser un mal menor si otro ejecutivo decide abordar los dos grandes problemas que Renzi mantiene empantanados: la reestructuración de la banca italiana, para limpiar unos activos dudosos que ascienden a 360.000 millones de euros, y el ajuste del gasto público para frenar una deuda que supera los 2,1 billones de euros o 132% del PIB, la segunda más alta de la zona euro.

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