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El 60% de la industria vasca es de sectores innovadores

Las fábricas dan trabajo a 200.000 personas, el 20% de la población ocupada.

El 60% de la industria vasca es de sectores innovadores

La industria del País Vasco produce de casi todo. Una amplia gama de equipos multisectoriales. Desde trenes y vehículos, con sus respectivos componentes, hasta equipos aeronáuticos y sistemas para naves espaciales, sin olvidar tubos sin soldadura, aerogeneradores marinos, máquinas-herramienta de última generación o buques de características especiales. El made in Euskadi incluye un extenso catálogo de productos innovadores.

La comunidad autónoma quiere consolidar su posición como fábrica avanzada del mundo en la nueva era digital que llega a las plantas industriales. Más del 60% del sector fabril vasco está relacionado con actividades de valor añadido como las citadas. La industria es un puntal del PIB de Euskadi: supone el 22%, y eso que ha perdido cinco puntos de presencia en la economía por la pasada crisis, que se llevó por delante muchas plantas productivas. El objetivo de Administraciones y empresas es que vuelva a representar el 25% y active su papel como dinamizador de servicios avanzados.

En empleo, el sector fabril da trabajo a 200.000 personas, el 20% de la población ocupada, y mantiene un superávit comercial de 5.000 millones gracias al vigor de sus exportaciones, dirigidas sobre todo a la UE.

Hay líderes en automoción, aeronáutica y tubos

Álvaro Videgain, 24 años al frente de Tubacex, líder mundial en tubos sin soldadura en acero inoxidable, es uno de los convencidos de la apuesta “por los mercados de mayor valor añadido”, en los que incluye, además de los citados, a los de aceros especiales y energía. Videgain insiste en el alto coste de la mano de obra en Euskadi.

Tubacex paga más a sus trabajadores de los centros de Laudio-Llodio y Amurrio, ambos en Álava, que a los empleados del grupo en EE UU, Austria y de su nueva filial en India. “No pido una rebaja salarial”, aclara, pero sí que “tomemos conciencia de que hay mucha gente dispuesta a trabajar por menos”.

En línea con su discurso, el veterano ejecutivo defiende que “tenemos que conseguir esos niveles de producción de valor añadido para absorber los altos costes laborales” de Euskadi. Otro de los factores negativos, a su juicio, es el elevado coste de la energía. La política del Gobierno de Madrid de acabar con el déficit tarifario se cerró a costa de las empresas, que por este motivo compiten en desventaja con otros países, como Francia y Alemania, donde la factura de la luz es más barata que en España.

Javier Ormazabal, presidente de Velatia, un grupo vasco que factura 550 millones con 3.000 trabajadores, ha opinado que ya se ha superado la etapa de la mejora de márgenes por la reducción de costes. Añade que todos los países están en la fase de sumar valor añadido de lo que fabrican, incluso China, que ya no permite el crecimiento de tejido industrial que no aporte un diferencial.

La ventaja de Euskadi, según Ormazabal, es que es “una economía pequeña” y, por tanto, más flexible para liderar nichos de mercado. La fábrica 4.0 será de gran ayuda para esa especialización, con la aportación de la robótica, la mecatrónica avanzada, el big data, el internet de las cosas, los materiales avanzados o la fabricación aditiva. Son muchos frentes tecnológicos abiertos, y de forma simultánea. Hay que acertar a tiempo con las tecnologías que dominarán los procesos del futuro.

Con el gran consumo

Además del circuito de productos de alta tecnología, en Euskadi también se elaboran los de consumo masivo, como el vino de Rioja Alavesa. Por cierto, las botellas para la mayoría de las bodegas vascas las fabrica Vidrala en Laudio-Llodio, y el encapsulado de estos envases los realiza Ramondín, asimismo en Álava. También en el área de alimentación y bebidas, Unilever produce mantequilla en su planta de Leioa (Bizkaia). En el mismo municipio donde Faes Farma fabrica sus productos farmacéuticos.

Euskadi quiere consolidar empleos de calidad, impermeables a las crisis que cierran las empresas no competitivas. La pasada fase de declive provocó en marzo de 2013 un paro en máximos, con una tasa del 15,76%. Ahora ronda el 12%.

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