Editorial

Legislatura sin tiempo que perder

Gobierno Rajoy
Mariano Rajoy durante el debate de investidura REUTERS

Ya no hay excusa. Mariano Rajoy fue investido presidente este sábado tras diez meses de bloqueo político. Este jueves se conocerán sus ministros; el viernes tomarán posesión. Hay tareas urgentes por los plazos (los Presupuestos) y otras apremiantes por la gravedad de la situación (las pensiones). Se abre una nueva etapa política en la que un Gobierno en minoría tendrá que desplegar una capacidad negociadora sin precedentes. Sería bueno que el perfil de los nuevos ministros sea el adecuado para ello. A Rajoy no le bastarán sus socios más estables, Ciudadanos y Coalición Canaria, ni siquiera si se sumara para ciertos asuntos el PNV. Muy a menudo necesitará el acuerdo del PSOE, aunque sea vía abstención. No será fácil para unos socialistas en crisis interna, temerosos de acercarse demasiado al PP. Pero el mismo motivo que sirvió para explicar la abstención en la votación del sábado, el bien de España por encima del partidista, podría invocarse en los asuntos de mayor trascendencia económica.

Este periódico analiza hoy las que deben ser prioridades del Ejecutivo. En primer lugar, unos Presupuestos que necesariamente incluirán recortes de gasto o subidas de impuestos, posiblemente las dos cosas. Solo así se podrán cumplir los compromisos europeos en materia de déficit. El ajuste quedó aplazado, salvo la parte que aportará el cambio en el impuesto de sociedades pactado por los grandes partidos (salvo Podemos, que se abstuvo). Ese acuerdo indica el camino, que pasará por medidas difíciles. El Ejecutivo tendrá que reconducir el déficit, además, con el lastre de una deuda pública muy elevada, que hace al país vulnerable a una etapa alcista de los tipos de interés.

Otra prioridad nacional pondrá a prueba la responsabilidad de partidos y agentes sociales:la Seguridad Social, que registrará este año el mayor déficit de su historia y en otro año agotará su reserva. No menos delicada es la cuestión del empleo:comprobado que la reforma invirtió a mejor su evolución, es la hora de dignificarlo. Rajoy hizo bien en el debate de investidura al advertir de que no se le puede exigir que dé marcha atrás en reformas que han demostrado su resultado. En efecto, sería un error volver a rigideces laborales del pasado, pero sí cabe revisar las fórmulas de contratación con vistas a corregir la precariedad.

Hay muchos desafíos más. La reforma en profundidad de la financiación autonómica serviría para reducir tensiones en las comunidades, aunque no bastará para reconducir el desafío independentista de Cataluña. Una legislatura bien aprovechada incluiría el inicio del proceso para la reforma constitucional, asunto ausente del debate de investidura. No menos necesarias serán las medidas en favor de la regeneración de la política, que pasan (no solo)por impulsar la transparencia en todos los niveles de la Administración. No faltan tareas. No sobra un minuto.

 

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