El nuevo Gobierno del PP

Cospedal logra el premio a la fidelidad y el trabajo en la sombra

La secretaria general del PP logra el máximo reconocimiento a su labor al frente del partido con la cartera de Defensa pese a la mala relación que presuntamente mantiene con Soraya Sáenz de Santamaría

El presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy, conversa con María Dolores de Cospedal, poco antes de que comenzara la segunda jornada del debate de su investidura. EFE
El presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy, conversa con María Dolores de Cospedal, poco antes de que comenzara la segunda jornada del debate de su investidura. EFE EFE

Ha sido uno de los nombres que con más insistencia ha sonado en las últimas semanas como ministrable de Rajoy y finalmente el presidente del Gobierno ha confiado en ella para la cartera de Defensa. Nacida en 1965, es abogada del Estado y ocupó diversos cargos en los Gabinetes de José María Aznar y en el Ejecutivo madrileño de Esperanza Aguirre, a quien considera su mentora en la política.

No obstante, su debut en la política nacional se produjo de la mano de que fuera secretario general del PP Javier Arenas cuando en 1996 y 1997 fue asesora de Arenas en el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales. Desde entonces hasta ahora su carrera no hizo sino prosperar, primero a nivel autonómico, cuando Aguirre confió en ella para la Consejería de Transportes e Infraestructuras, en sustitución del hoy denostado y encarcelado Francisco Granados.

Pero, sin duda, sus mayores reconocimientos le llegaron en 2008 y 2011 cuando fue nombrada secretaria general del PP en el  XVI Congreso del partido y cuando tres años después ganó por mayoría absoluta el Gobierno de Castilla-La Mancha, uno de los tradicionales bastiones del PSOE. Su desembarco en el Consejo de Ministros es, en opinión de defensores y detractores, el premio al duro trabajo que ha desempeñado desde la sombra en la calle Génova y su fidelidad a Rajoy, el único que continuó defendiéndola en los momentos más críticos de su gestión del escándalo Bárcenas.

De trato difícil con buena parte de la prensa, lo cierto es que algunos de sus más estrechos colaboradores elogian su capacidad para hacer frente a las críticas, algunas de ellas completamente merecidas, como a ella misma le gusta reconocer.

Cuando llegó a Génova desplegó la máxima de austeridad defendida por Rajoy, que luego también llevaría a rajatabla en el Gobierno autonómico de Castilla-La Mancha y "ya nada volvió a ser lo que era", según admiten fuentes populares. Amiga de dialogar y no airear los trapos sucios fuera de la sede central de los populares no pudo evitar los desaires de Esperanza Aguirre ni la mala relación que algunas fuentes dicen que tiene con la todopoderosa vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, con quien ahora deberá vérselas cada viernes en el Consejo de Ministros.

Criticada por haber querido compaginar su labor como número uno del partido y máxima responsable de un Gobierno autonómico, lo cierto es que las malas lenguas recuerdan que ya en 2011 cuando Rajoy ganó por mayoría absoluta quiso dejar Toledo para ocupar una cartera en Madrid. Sin embargo, algunos de sus colaboradores desmintieron entonces esta versión de los hechos y aseguraron que fue el presidente quien pulsó a Cospedal para regresar a Madrid y la presidenta castellanomanchega declinó el ofrecimiento alegando que quería agotar el mandato dado por las urnas.

 En Castilla-La Mancha también le persiguió la polémica. Desde el primer momento, se convirtió en una de las regiones que mayor esfuerzo realizó en su lucha contra el déficit, y en aplicar una serie de medidas y reformas para poder equilibrar las cuentas públicas de la administración. Su Gobierno adoptó medidas ampliamente contestadas por la ciudadanía y la oposición, como el cierre de las urgencias nocturnasen varios pueblos de la región (declarada después ilegal por el Tribunal Superior de Justicia de Castila La Mancha), o el traslado de los enfermos castellanomanchegos a clínicas privadas de otras autonomías, para recortar las listas de espera que aumentaron un 50% durante su gestión.

No obstante, y en contra de lo que cabría esperar, a pesar de los recortes y las políticas de austeridad, en las elecciones autonómicas de 2015, Cospedal estuvo a punto de revalidar la mayoría absoluta de la que se quedó a solo un escaño, literalmente por un puñado de votos. La imposibilidad de gobernar la devolvió a las quinielas de los ministrables por si Rajoy decidía remodelar su Gobierno, si bien el presidente ha sido de los que menos cambios ha efectuado en el Gabinete que nombró al jurar su cargo al inicio de la legislatura.

Decidió entonces dedicarse en exclusiva a capitanear el rumbo del partido justo cuando arreciaron los escándalos de corrupción y con ellos las primeras voces que se atrevieron a plantear la necesidad urgente de renovar la formación política, con Esperanza Aguirre al frente. Hace meses se especuló con que Cospedal le comunicó a Rajoy su deseo de dar por concluida su etapa al frente del PP y el presidente parece haber accedido a sus deseos otorgándole además el premio de un ministerio con un gran peso político como es el de Defensa.

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