Editorial

Más impulso a la 'startup' ambiciosa

El ecosistema empresarial español vive momentos inéditos de desarrollo. El fenómeno del emprendimiento ha eclosionado con fuerza, como nunca lo había hecho en España, y el ritmo de creación de startups nunca ha sido tan alto, a la vez que se baten récords en rondas de financiación. Y lo ha hecho en parte gracias a la propia crisis, como solución de autoempleo frente a un mercado laboral deficiente, pero también por las facilidades que proporciona la democratización tecnológica a unos emprendedores más cualificados que nunca. Es en ese campo donde el venture capital, o capital riesgo, debe crecer para obtener las mejores cosechas. Una vez superado el romántico paso por fuentes iniciales de financiación como la FFF (amigos, familia y tontos, por sus siglas en inglés) o el capital semilla, y cuando un proyecto empieza a tomar consistencia, los fondos de capital riesgo juegan un papel clave por los elevados niveles de riesgo en esos primeros pasos de las startups. Pero la trayectoria debe ir más allá de la simple creación de un producto de éxito para dar un pelotazo con su venta a un gigante. Por ello deben ser bienvenidos casos como el de K Fund, que con 50 millones de euros incluye en su ADN el objetivo de apoyar startups tecnológicas, pero con la muy sana ambición final de crear grandes empresas globales.

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