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Dinosaurios, setas y mucho más que vino en La Rioja

Escapada otoñal a Haro, la comarca de los Cameros, Ezcaray y Enciso.

Camino hacia el manantial en Torrecilla de Cameros.
Camino hacia el manantial en Torrecilla de Cameros.

No hay mejor momento para escaparse a La Rioja que en el otoño. Su paisaje abandona el verde para teñirse de tonos rojizos y amarillos, desde sus interminables viñas y hayedos hasta los senderos en la ribera del Ebro y sus afluentes, que bañan esta tierra. La carretera serpentea a través de los continuos valles, repletos de bosque, donde irrumpen las escarpadas montañas de color ocre tanto como lo hacen sus pintorescas aldeas.

Hablamos de la región del vino. Sin embargo, más allá del enoturismo se esconde una Rioja que invita al visitante a perderse en su naturaleza, vivir cada una de sus tradiciones, bien presentes en muchos de sus pueblos, y, cómo no, deleitarse con su gastronomía. Aquí le dejamos unas cuantas ideas para una escapada, con y sin vino, por esta comunidad.

  • La capital del rioja

Ante todo, Haro es famosa por ser la cuna del rioja, su capital, donde se concentran las principales bodegas. Esta ciudad, escondida entre viñedos, está situada en el extremo noroeste de la comunidad, entre la sierra de la Demanda y la de Tolaño.

Además de la visita a alguna bodega del barrio de la Estación, el recorrido por su casco histórico, de núcleo medieval, ya merece una escapada en sí. La plaza de la Paz es el mejor lugar para comenzar. En el centro, el típico quiosco está custodiado por edificios tan importantes como el ayuntamiento, del siglo XVIII y de planta baja con soportales, o el palacio de Bendagaña o Paternina, de estilo mudéjar y donde se encuentra hoy la oficina de turismo de Haro.

En el paseo por el casco antiguo destacan otros palacios, como el de las Bezaras, barroco del siglo XVIII, conocido como el de las cigüeñas, o el de los Condes de Haro, junto a la Iglesia de Santo Tomás. Desde la plaza de este templo, de arte gótico florido y de monumental portada, nacen dos callejuelas conocidas como la Herradura. Están siempre a rebosar de turistas y lugareños que buscan el mejor lugar para ir de vinos y cañas, entre sus bares y restaurantes de tapas y pinchos de la zona.

  • Setas en Ezcaray

La Rioja es un auténtico paraíso para los amantes de la micología. Torre en Cameros, Zarzosa, Villarroya o Aguilar del Río Alhama son lugares obligatorios para recolectores. Sin embargo, Ezcaray, en el valle del Oja, es el principal foco. Desde este pequeño pueblo, de apenas 2.000 habitantes, se desarrollan infinidad de rutas por sus bosques de chopos, alisos, hayas y pinos en búsqueda del preciado hongo. Las especies que más abundan en la zona son las colmenillas, las pardillas y las pie azul.

Vista de Ezcaray.
Vista de Ezcaray.

Cada noviembre tienen lugar las Jornadas Micológicas, que atraen a un buen número de turistas. El programa incluye rutas guiadas por el monte para la recolección de setas, su exposición en las plazas de Ezcaray y su consecuente degustación en los restaurantes.

Si hablamos de restaurantes y de Ezcaray, no podemos olvidarnos de Echaurren, del chef Francis Paniego. Se trata de un estupendo hotel gastronómico donde su propietario apuesta por las recetas tradicionales, cuidando los detalles y, por supuesto, dándoles su toque innovador y personal. En el propio hotel se encuentra El Portal, restaurante también de Paniego, que cuenta con una estrella Michelin.

  • Cameros

Al sur, Cameros es la zona más indómita de La Rioja, de pueblos serranos, viejas tradiciones y una naturaleza que invita a disfrutarla en un sinfín de actividades de aventura. El Parque Natural de la Sierra de Cebollera es el corazón del Camero Nuevo, un auténtico vergel en torno al río Iregua, con incontables sendas como la de las cascadas de Puente Ra.

Junto a la localidad de Ortigosa se encuentran las cuevas de la Paz y de la Viña. Recorra estas enormes grutas con sus espectaculares estalactitas, estalagmitas y otras formaciones calizas.
El Camero Viejo es la zona más árida y despoblada de la comarca. El río Leza esculpe aquí un magnífico cañón bordeado por la carretera, hasta llegar al pueblo de Trevijano, en lo alto del mismo. El buitre leonado sobrevuela estas cumbres rojizas.

Fósiles en el circuito paleontológico del Barranco Perdido.
Fósiles en el circuito paleontológico del Barranco Perdido.


  • Parque jurásico riojano

En el pueblo de Enciso, declarado Reserva de la Biosfera, se han encontrado hasta 3.000 huellas de dinosaurios. Aquí se encuentra Barranco Perdido, un parque de paleoaventura con un museo cretácico, piscinas, géiseres y circuitos de multiaventura, entre otras muchas propuestas.

Los niños, y no tan niños, pueden ser paleontólogos por un día para excavar y desenterrar fósiles para luego analizarlos en el laboratorio con las explicaciones de los expertos. Hay visitas guiadas de 90 minutos.

Dispone, a su vez, de parking gratuito, restaurante, cafeterías, terraza chill out y un asador para cocinar su propia carne. La entrada completa cuesta 20 euros para los mayores de 12 años y 15 euros para los menores.

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