Editorial

Westminster quiere opinar

La decisión de Theresa May de aceptar, tras las presiones laboristas, que el proceso de salida de Reino Unido de la UE sea validado por el Parlamento tuvo ayer como primer efecto la recuperación en los mercados de la libra. La moneda británica ha sido lastrada en las últimas semanas por los rumores de que un brexit duro ganaba enteros, lo que supondría también el abandono del mercado único. Finalmente, el Ejecutivo británico ha decidido renunciar a capitanear en solitario el proceso y ha aceptado someterlo a la consideración de los parlamentarios. Pese a que no habrá votación ulterior que pueda alterar una decisión ya tomada, sin duda contribuirá a moderar las condiciones más extremas.

La decisión de May no supondrá revisar el sí de Reino Unido a abandonar la UE, como tampoco votar la activación o no del artículo 50 del Tratado de la Unión Europea, que regula el procedimiento de salida. Lo que permitirá es modular los tiempos y las formas al apostar por un brexit suave, que mantenga los lazos comerciales de Londres con Europa, en lugar de por uno duro. En este último caso, la factura para la economía británica podría ascender a unos 66.000 millones de libras. Un aliciente lo suficientemente poderoso como para que May quiera contentar a parlamentarios y mercado.

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