Tribuna

¿Por qué nos cuesta comunicarnos?

Para que un receptor comprenda nuestro mensaje, tenemos que hablar su idioma y asegurarnos de que está dispuesto a prestarnos atención

Deberíamos de añadir al titular de este artículo dos palabras: “en España”; pero también es válido sin ellas, pues el problema afecta a otros muchos países. Asistimos en nuestra tierra a un espectáculo político bochornoso, para casi todos los ciudadanos e incluso para los propios protagonistas, los políticos, derivado básicamente de la falta de comunicación y diálogo. Son incapaces de comunicarse el Gobierno y la oposición, la oposición entre ellos e incluso los miembros de los propios partidos, con ejemplos notorios como PSOE y Podemos en las últimas semanas. Nadie llama a nadie, nadie escucha a nadie, nadie se sienta a hablar con nadie y todos sin embargo proclaman que la culpa no es de ellos y señalan al adversario como causante.

Pero no solo en política cuecen habas: también en el ámbito de la empresa o en la medicina o en la educación o en otros muchos campos profesionales. Cuando uno viaja por el mundo, sobre todo en algunos países como EE UU, se queda admirado de ver que en los colegios y las universidades enseñan a los niños a hablar en público, a hacer presentaciones y a trabajar en equipo. Conozco a jóvenes que estudiaron sus carreras en ese país y tuvieron que hacer su trabajo de graduación en equipo con otros alumnos de diferentes carreras y especialidades, y uno de los aspectos que más puntuaba era el clima interno y el trabajo con el resto del grupo. ¡Como en España!, donde las tesinas de fin de carrera se hacen a base de codos y sin comunicación con ningún ser humano, a parte del director del trabajo, que no dialoga sino que da doctrina.

¿Han visto ustedes esas series de televisión donde médicos de diferentes especialidades trabajan en equipo para buscar soluciones integrales a sus pacientes? ¡Como en España! Donde, salvo honrosas excepciones, cada jefe de servicio trabaja aislado de otras especialidades y al que nadie del equipo se atreve a llevar la contraria.

"Falta educación para comunicar, y el diálogo y la transparencia no están entre los valores asentados en la ética colectiva"

En el mundo de la empresa en España está siendo muy difícil implantar cuestiones de gobierno corporativo que en otros países son normales desde hace muchos años porque a los líderes de nuestras empresas les cuesta repartir el juego entre los consejeros o los directivos, porque no están acostumbrados a que internamente se les cuestione... Es decir, porque no están habituados al diálogo y a la comunicación y se encuentran más cómodos en el “ordeno y mando”.

Parece que en España y en otros países falta educación para comunicar, y el diálogo y la transparencia no están entre los valores asentados en la ética colectiva. Pero los nuevos tiempos, las nuevas leyes y las nuevas tecnologías, incluido el mundo de internet y las redes sociales, están acelerando el cambio y venciendo las resistencias de manera acelerada. Hay que hacer un esfuerzo para adaptarse a los nuevos tiempos y prepararse para mejorar la capacidad de comunicación y diálogo. Para tener éxito en ese camino, el primer consejo es ponerse en el lugar del receptor y escuchar antes de hablar. La comunicación eficaz se hace agudizando el oído, no afinando la voz; y debe construirse desde el receptor y para ello hay que conocerlo bien, saber qué piensa, qué necesita, qué espera de nosotros... No podemos iniciar el diálogo pensando que solo nosotros tenemos cosas que decir y los demás bastante tienen con oírnos. Para que un receptor comprenda nuestro mensaje tenemos que hablar su idioma y asegurarnos de que está dispuesto a prestarnos atención.

Otro consejo que la experiencia demuestra eficaz es hablar claro, sencillo, que se entienda. Sin usar demasiados tecnicismos, acaparar el diálogo para convertirlo en monólogo, repetir las ideas o apabullar al contrario.

A muchos políticos, empresarios, educadores, médicos y a la mayoría de los españoles les cuesta mucho comunicarse porque están acostumbrados a informar, pero no a dialogar. El catedrático da buenas lecciones magistrales, el médico jefe de servicio hace magníficos diagnósticos, el empresario hace buenos discursos ante su junta de accionistas, pero para comunicarse hace falta que en el juego entren dos actores y estar abierto a que el otro tenga algo que decir y que ese algo sea mejor o al menos igual que lo que decimos nosotros. Comunicando se aprende, se enriquecen los puntos de vista, se encuentran mejores caminos y un país y sus gentes prosperan mejor y más rápido. Tal vez va siendo hora de que en España todos, no solo, pero también los políticos, usemos más la comunicación y nos pongamos a trabajar pensando en el receptor.

Benito Berceruelo es consejero delegado de Estudio de Comunicación.

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