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Deutsche Bank: el niño problemático

La capitalización de mercado de la entidad alemana ha caído por debajo de 14.500 millones de euros por los temores a las multas de Estados Unidos.

Sede de Deutsche Bank, en Fráncfort (Alemania).
Sede de Deutsche Bank, en Fráncfort (Alemania).

Hay varios argumentos que apuntan a que Deutsche Bank no entrará en una situación verdaderamente grave. Pero solo uno importa. La canciller Angela Merkel tendría que ser o bien valiente o bien estar lo bastante loca como para dejar que el mayor banco alemán por activos colapsara.

La capitalización de mercado de Deutsche Bank cayó el lunes por debajo de 14.500 millones de euros después de que la revista alemana Focus informara de que Merkel descartó ayudar al consejero delegado, John Cryan, en el conflicto con las autoridades de Estados Unidos o rescatar a Deutsche de una crisis. El valor de su patrimonio ahora parece no estar en sintonía con su balance de 1,4 billones de euros. Las acciones de la entidad han caído un 20% desde que confirmó el 15 de septiembre que el Departamento de Justicia de Estados Unidos barajara multarle con 14.000 millones de dólares (unos 12.500 millones de euros).

El valor de su patrimonio no está en la actualidad en sintonía con su balance de 1,4 billones de euros

El banco cuenta con más de un colchón. Desde diciembre, tiene suficientes activos líquidos para cubrir las salidas netas totales de efectivo durante un período de tensión de 30 días. Desde entonces, esas reservas se han incrementado. También cuenta con 10.000 millones de euros de deuda subordinada e híbrida que podría convertirse en patrimonio si la proporción entre su capital ordinario Tier 1 y sus activos ponderados por riesgo traspasara los mínimos regulatorios.

El peor escenario es que las multas hagan que Deutsche necesite ampliar capital para cumplir con los mínimos regulatorios en 2018, pero que no pueda encontrar accionistas dispuestos. Si eso ocurriera, Deutsche estaría sujeto a las normas europeas que obligan a convertir ciertos instrumentos a la fuerza en capital. El problema es que esas reglas están a medio hacer.

La reacción relativamente moderada implica entonces que los legisladores estadounidenses recortarán las mastodónticas multas –o que si siguen adelante, el Gobierno alemán podría encontrar alguna forma para apoyar a Deutsche–. Ambas opciones son plausibles. La institución que dirige Cryan fue calificada recientemente por el Fondo Monetario Internacional como la de mayor riesgo sistémico del mundo. Berlín tiene pocas razones para probar qué significa eso realmente.

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