Tribuna

El 'sorpasso' español

El mes de septiembre marca el inicio del curso escolar y académico. En este peculiar año, el Gobierno y sus ministros han seguido en sus puestos en agosto. El presidente en funciones, Mariano Rajoy, quiso resaltar la urgencia de que España cuente con un Gobierno dotado de todas sus funciones. Un Gobierno en funciones no puede aprobar un presupuesto ni trasponer las directivas comunitarias. España necesita unos Presupuestos Generales para 2017 que eviten una posible sanción por déficit excesivo –por ahora aplazada– por parte de una Comisión Europea cuyo presidente Juncker ha impuesto el criterio de que las sociedades española y portuguesa han realizado un admirable ejercicio de austeridad.

El Gobierno del presidente Zapatero dejó el poder con un déficit público del 8,9% y una deuda pública del 85% del PIB a finales de 2011. Gracias a los ajustes, las reformas estructurales y nuestro despegue económico desde 2013, hemos reducido el déficit casi a la mitad (5,1%). Nuestra prima de riesgo ya es inferior a la italiana, además de la de EE UU, Australia y Canadá. Pero la deuda pública ha ascendido al 100% del PIB. Rajoy tratará de ser investido presidente del Gobierno después de las elecciones en Galicia y el País Vasco. Puede serlo incluso en la primera vuelta (176 votos) si el PNV decide gobernar en Euskadi con el apoyo parlamentario del PP. La contrapartida sería sumar los 5 escaños del PNV en el Congreso a los 137 del PP, 33 de Ciudadanos y el diputado independiente canario. En una segunda votación, sería suficiente la abstención de un PSOE que obligará por vía de su comité ejecutivo a que Pedro Sánchez acepte dicha postura o le relevará. Se habrá acabado la pesadilla política.

España continúa con una tasa de crecimiento interanual del 3,2% (dobla la media de la UE) en el segundo trimestre, que se acelerará en el tercero por el impacto de cifras récord de llegadas de turistas. Las exportaciones siguen aumentando, así como la inversión, que repuntó un 1,3% en el segundo trimestre. Es más preocupante el excesivo incremento del consumo y de los precios de los inmuebles.

La matriculación de coches asciende vertiginosamente, y hay barrios de nuestras grandes ciudades que se asemejan a ciudades alemanas por su proliferación de marcas teutonas. ¡En Barcelona incluso se ha creado una flota de taxis constituida por Lamborghinis! Con los intereses a niveles mínimos, muchos vuelven a caer en la tentación de vivir más allá de sus posibilidades. Por ello, apremia que el nuevo Gobierno sea audaz. Además de las necesarias y pactadas medidas entre el PP y Ciudadanos para reducir la precariedad de los contratos, disminuir o eliminar la carga fiscal de los autónomos y de las familias con varios hijos, facilitar el crédito a las pymes y castigar a los corruptos, el Gobierno debe atreverse con medidas impopulares que aumenten nuestra productividad. La eliminación de los festivos locales y la consiguiente simplificación del calendario de festivos, mayores incentivos y ayudas (a las madres trabajadoras) para reducir pero intensificar la jornada laboral, el regreso a la zona horaria de Greenwich Mean Time y la liberalización de los horarios comerciales dinamizaría nuestra economía.

No puede ser que en España se empiece a trabajar después de las nueve, los almuerzos duren dos o más horas, regresemos al despacho cuando en el norte de Europa los empleados se van a sus casas y acabemos las jornadas laborales por la noche. En España se trabaja mucho (y duerme poco), pero de forma poco productiva, desorganizada y con altibajos pronunciados por los puentes y acueductos.

Necesitamos además potenciar la competencia en sectores con situación de oligopolio como las telecomunicaciones y el suministro energético. Debemos aprovechar los fondos de los programas de inversión aprobados por la UE como respuesta a la crisis. Pero España puede aspirar a más. Como potencia industrial, agrícola, turística y pesquera de primer orden y futura cuarta economía de la UE, un presidente Rajoy liberado de la negociación parlamentaría podría forjar con una Merkel debilitada, el futuro presidente francés y Renzi una renovación de una UE que el próximo año celebrará el sexagésimo aniversario del Tratado de Roma. Potenciar las redes de transporte y energéticas transeuropeas, el uso del gas natural mediante las plantas de licuefacción y una política de inmigración meritocrática es el mejor antídoto a los radicales de derechas e izquierdas y el brexit.

Alexandre Muns Rubiol es Profesor de EAE Business School

 

 

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