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La tecnología no prospera en Europa

La regulación y unos fragmentados mercados explican las dificultades de Europa para daruna respuesta a las grandes compañías de la tecnología como Facebook o Alibaba.

Logotipo de Google dentro de una bandera de la Unión Europea.
Logotipo de Google dentro de una bandera de la Unión Europea.

En un encuentro sobre telecomunicaciones y tecnología celebrado en España a principios de este mes, el dirigente de Telefónica, José María Álvarez-Pallete, mostró una diapositiva con las 15 empresas más innovadoras del mundo. Ni una sola era europea. En la misma conferencia, organizada por la asociación del sector Ametic, Stéphane Richard, presidente de la francesa Orange, señaló que Apple tiene suficiente efectivo como para comprar cuatro de los mayores operadores de telecomunicaciones europeos –Vodafone, Orange, Telefónica y Deutsche Telekom–. El mensaje común es que el Viejo Continente se está quedando atrás en tecnología.

Los gigantes innovadores como Apple o Facebook cuentan con enormes presupuestos de inversión y una oferta lo bastante amplia como para impregnar todos los aspectos de la vida de sus clientes. No son solo empresas, sino ecosistemas.

Europa no es completamente inútil. Ni mucho menos. Pero la creación de nuevas de un tamaño similar al del fabricante del iPhone o el gigante de las búsquedas Google ha resultado ser difícil. Europa tenía 47 unicornios –empresas tecnológicas con una valoración mínima de 1.000 millones de dólares– hasta junio, según la consultora GP Bullhound. Spotify y Skype son dos de las más conocidas. Pero las 47 juntas valen menos que las valoraciones implícitas de los tres grandes unicornios del mundo: las empresas de transporte Uber y Didi ChuXing y el fabricante chino de teléfonos inteligentes Xiaomi.

Puede que a los consumidores europeos no les preocupe demasiado, ya que se benefician del uso Google, Amazon, Facebook, WhatsApp y Airbnb tanto como sus amigos estadounidenses. Pero a los políticos que quieren nutrir a campeones nacionales les inquieta mucho. Al no tener competidores europeos, la Comisión Europea queda expuesta a las acusaciones de frustración cuando se queja del escaso pago de impuestos de Apple en Irlanda o de que Google usa fragmentos de noticias sin pagar.

Una de las razones del fracaso de Europa en este sentido es su inconexo mercado, fragmentado por un mosaico de regulaciones nacionales y subnacionales que dificulta las economías de escala. La Unión Europea está intentando arreglarlo con el mercado único digital, una revisión de las normas sobre protección de datos y comercio electrónico, entre otras cosas. El 14 de septiembre se lanzó un nuevo conjunto de propuestas que abarca la regulación de las telecomunicaciones y de los derechos de autor. Eso suena prometedor, y debería fomentar una mayor inversión en banda ancha ultra rápida. Pero podrían hacer falta años para ponerlo en práctica.

La creación de empresas de tamaño similar a Apple o Google ha resultado ser difícil en el Viejo Continente

Hay otros obstáculos además de la regulación o el idioma. Uno es la relativa falta de atractivo del continente como destino para las finanzas. Históricamente, esto ha complicado el acceso al capital, en el caso de las startups, y el crecimiento hasta superar el tamaño que convierte a las empresas en cantera natural para los depredadores estadounidenses. Los volúmenes de financiación de capital riesgo en Europa equivalen a una octava parte de los del país norteamericano, según el think tank New Financial.

Europa tiene algunos puntos brillantes. Países como España están desplegando franjas de banda ancha de alta velocidad que pueden suponer un aumento exponencial de los datos. Una nueva generación de empresarios altamente educados ha llamado la atención de Google, que ha abierto tres campus europeos en Madrid, Varsovia y Londres. Algunos países europeos ofrecen mano de obra más barata que Silicon Valley, en San Francisco. Además, aunque allí hicieron falta décadas para crear un Google, Asia ha demostrado que la juventud no tiene por qué ser un impedimento.

Sin embargo, existe la preocupación de que el próximo coloso tecnológico europeo se quede atrofiado en su infancia. El voto de Reino Unido a favor de salir de la UE podría desconectar a un país que proporciona un tercio de la inversión de capital riesgo de Europa, según New Financial.

Con las negociaciones del brexit en marcha, Londres es ahora una opción menos obvia para quienes buscan un equivalente europeo de Silicon Valley. Berlín podría elevarse a un primer plano, pero Estocolmo, o Madrid, o Varsovia podrían tener otras ideas. La competencia suele ser un signo de una economía de mercado saludable. Pero el reducido tamaño de la escena tecnológica de Europa hace que la respuesta a Google parezca estar lejos.

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