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Jay Y. Lee: El príncipe de Samsung

Formado para ponerse al frente del gigante coreano, Jay Y. Lee, uno de los hombres más poderosos del mundo de la tecnología, se caracteriza por su discreción

Jay Y. Lee, vicepresidente de Samsung.
Jay Y. Lee, vicepresidente de Samsung.

A Samsung se le han acumulado las noticias en las últimas semanas. A la venta de su negocio de impresoras a HP, se ha sumado el que se ha convertido en el principal quebradero de cabeza del grupo estos días: los problemas con su nuevo modelo de phablet, el Galaxy Note 7, ya que varios terminales han presentado un sobrecalentamiento de sus baterías e incluso un claro riesgo de incendio. El gigante tecnológico de Corea del Sur ha elegido estos tiempos revueltos para hacer un anuncio que parece querer arrojar algo de luz sobre su dirección: Jay Y. Lee (Washington, 1968), hijo único del presidente de la compañía y vicepresidente de la misma se incorporará al consejo de administración. El gesto, que la empresa asegura que no está relacionado con la crisis de sus teléfonos, se ha interpretado a nivel internacional como un avance hacia una sucesión que se hace de rogar.

Lee Jae-yong, conocido en el entorno profesional como Jay Y. Lee, tomó de facto las riendas de Samsung después de que su padre sufriera un infarto en 2014 que le apartó de sus funciones al frente de la empresa. Desde entonces, todos los ojos han estado puestos en el joven ejecutivo que ocupa el puesto número 32 de la lista de los más ricos del mundo de la tecnología de Forbes y el 33 en la de los más poderosos e influyentes.

Aunque el relevo todavía no se ha producido, no cabe duda de que el conocido como príncipe de Samsung está más que preparado para sentarse de forma oficial en el trono; y es que ha sido formado como si de un heredero se tratara. Tras estudiar Historia en la Universidad Nacional de Seúl, empezó a formarse para cumplir con la misión que ya está desempeñando: hacer a la compañía más global. Igual que su progenitor y su abuelo –que también presidió la compañía–, Lee cursó un máster en administración de empresas en la nipona Universidad de Keio. Su currículum académico lo completa un doctorado en Harvard.

En 1991 se incorporó a la gran empresa familiar, pasando en sus primeros años por varios puestos, siempre con un amplio equipo a su alrededor para asesorarle y enseñarle el funcionamiento del grupo. En esos inicios no faltó, como en toda carrera profesional, un importante tropiezo. Durante la burbuja de las puntocom a principios de los 2000, Lee se puso al frente de la unidad e-Samsung, proyecto que no llegó a buen puerto.

Convertido ya en un joven ejecutivo y siempre manteniendo un perfil bajo, su misión más importante en la firma fue durante mucho tiempo aprender de su padre para el día en que tuviera que asumir su cargo. Aunque ese día aún no ha llegado, las circunstancias sí que han obligado al directivo –vicepresidente desde 2013– a salir relativamente de la sombra y a manejar los hilos de Samsung, así como a convertirse en su imagen, sobre todo a la hora de dar la cara por los fallos y errores de sus productos.

En la nota que da cuenta de su nuevo rol, la empresa asegura que Lee tiene ya una amplia experiencia como líder y que su incorporación al consejo le permitirá desempeñar un papel más activo en la toma de decisiones y en la puesta en marcha de una estrategia a largo plazo.

Protegido siempre de los medios de comunicación –nunca ha concedido una entrevista–, la prensa internacional describe a Lee como un hombre de exquisitos modales, saber hacer en el trabajo y buenas relaciones con las élites mundiales, incluyendo a los líderes de otras tecnológicas con los que nunca ha tenido problemas en reunirse.

Divorciado y con dos hijos, menos aún se conoce de su vida personal, salvo su gran afición al golf.

El traspaso de poderes parece estar cada vez más cerca, y con él un impulso aún mayor a la transformación de Samsung para dejar de ser un chaebol –nombre que reciben los grandes conglomerados familiares de Corea del Sur– y abrirse al mundo. Competir con el gigante estadounidense Apple y con los fabricantes de bajo coste, así como concentrar el crecimiento de la firma en los productos y unidades con mejores resultados son otros desafíos que el eterno aspirante al trono del imperio corporativo coreano tiene por delante.

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