Editorial

Internet para todos

El retraso tecnológico europeo frente a EE UU es una espina clavada en el orgullo del Viejo Continente, pero sobretodo, y eso es más preocupante, arena en los engranajes del desarrollo. La ausencia de grupos europeos entre los primeros del ranking mundial del negocio de internet es una causa de este retraso, pero también su efecto. Solo un marco catalizador adecuado por parte de las Administraciones, que sirva de estímulo tanto al sector público como al privado hará que se cierre esa brecha digital. La ofensiva lanzada por la Comisión Europea, consciente de ese retraso, está cargada de buenas intenciones y en línea con estas asegura que creará 1,3 millones de empleos y aumentará el PIB europeo en un billón de euros.

Bruselas unificará cuatro directivas en un código de comunicaciones electrónicas europeas que tiene el objetivo de que la transmisión en banda ancha sea un servicio universal, como en tiempos fue la voz. El plan es que cualquier rincón de la UE cuente al menos con 100Mb de velocidad de transmisión, que los ayuntamientos tengan medios para dar wifi gratis o que en 2020 el despliegue del 5G ya sea total. El plan requiere movilizar un 45% más de inversión que la ya prevista, hasta 500.000 millones. Merece la pena. Pero no pasará de las buenas intenciones sin una acción decidida de las empresas europeas.

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