Infraestructuras

La nueva Isolux afronta en Estados Unidos su primera gran crisis

Negocia en Indiana para evitar el ‘default’ en la obra de la autopista I-69

Isolux
Mike Pence, gobernador de Indiana y candidato a la vicepresidencia de EE UU con Donald Trump.

La nueva dirección de Isolux capea la primera crisis en uno de los proyectos más emblemáticos heredados de la etapa de Luis Delso como presidente. Se trata de la construcción de la autopista I-69 en Indiana (Estados Unidos), donde la constructora española sostiene un tenso pulso con las subcontratas y, a causa de los retrasos en la obra, también con la Administración.

La I-69 fue uno de los proyectos en concesión, el único ganado en Estados Unidos, traspasado este mismo año al fondo canadiense PSP junto al resto de autopistas del grupo Isolux, creándose la concesionaria Roadis. Sin embargo, Isolux se quedó como contratista en la parte de construcción. El proyecto acumula retrasos e Isolux argumenta que son ajenos a su voluntad.

Los problemas a pie de obra coinciden con periodo electoral y duros enfrentamientos, a causa de esta infraestructura, entre los ayuntamientos de signo demócrata afectados y el Gobierno estatal que encabeza el republicano Mike Pence, al que se acusa de un déficit de control en esta obra. Como compañero de Donald Trump –lleva a Pence como vicepresidente– en la carrera presidencial, tal presión ha desembocado en avisos a la empresa española sobre las consecuencias de una situación de impago a las subcontratas.

Roadis se desmarca

La concesión del quinto tramo de la I-69 pasó a manos de la nueva Roadis con el reparto de activos de Isolux Infrastructure entre sus dos accionistas: Isolux Corsán y el fondo PSP. La operadora remarca que es independiente de Isolux, así como de la relación entre esta y sus subcontratas, y que velará por el cumplimiento de los plazos de ejecución.

El argumento de Isolux para explicar el parón en las obras por parte de algunas de las empresas locales, que reclaman la actualización de facturas (se especula con una cifra cercana a los 9 millones de dólares), pasa por inesperadas condiciones geológicas en el trazado de la autopista, así como la falta de permisos medioambientales que escapan del control de la constructora. De hecho, Isolux negocia diez reclamaciones con su cliente, la Indiana Finance Authority (IFA), de las que tres esperan aún resolución. Entre estas últimas está el de los permisos ambientales que debe gestionar la propia IFA.

La obra en cuestión, para la ejecución de 21 millas (33,6 kilómetros) de carretera en el quinto tramo de la I-69, entre Bloomington y Martinsville, debería estar concluida el próximo mes de octubre. Sobre el plazo, Isolux reconoce que la actuación no estará finalizada hasta finales del mes de julio de 2017.

La empresa coordina el trabajo de 30 subcontratas de las que algunas, especialmente en el área de excavación, han presentado quejas por los citados retrasos en los pagos. Al respecto, Isolux también asegura estar negociando e informando a estas compañías a la vista de los imprevistos presentados en la obra.

En sus reclamaciones a la IFA, Isolux pide el reconocimiento de costes adicionales en el proyecto y la ampliación de plazo en la ejecución. Ambas concesiones son básicas para seguir cumpliendo con las constructoras subcontratadas. La regulación estadounidense aprieta, al exigir diez días de prórroga máxima para atender este tipo de pagos.

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