Automoción

Google caldea la guerra de la conducción compartida

Saca a su consejero independiente, David Drummond, del consejo de administración de Uber.

Lanza un servicio rival en San Francisco gracias a su aplicación Waze

Google
Vista general de la sede de Google en Mountain View, California (EE.UU.). EFE

¿Amigos o enemigos? ¿Colaboradores o rivales? El futuro de la conducción colaborativa y autónoma pasa, entre otras cosas, por cómo se desarrolle la relación entre las dos grandes empresas tecnológicas, Google y Uber, que, mientras se hacen socias en lo económico, se miran de reojo y anuncian en solitario investigaciones, proyectos y desarrollos que compiten entre sí. Ellas se miran y el sector las observa a su vez, por tener entre sus manos muchas de las principales innovaciones de lo que va a configurar la futura movilidad en el mundo.

Para analizar esta relación, no hay que olvidar que Google, a través de su filial financiera Ventures, invirtió 258 millones de dólares (231 millones de euros) en Uber en agosto de 2013. Ha sido la mayor inversión realizada nunca por Google Ventures y la compañía incrementó su participación en una posterior ampliación de capital, menos de un año después.

Esta inversión dio a Google un puesto en el consejo de administración de Uber, que cubrió David Drummond, vicepresidente de desarrollo corporativo de Google. Los expertos apuntaron en ese momento que las compañías se convertían así en colaboradoras y que no era descartable que Google adquiriera Uber en un momento dado en el futuro. Pero si ese es el plan, no será una fusión amistosa.

Los últimos movimientos corporativos convierten a las compañías más en fieros enemigos que en colaboradoras. El lunes, Drummond abandonaba el consejo de Uber. Lejos de ser una salida coordinada, medios especializados en tecnología señalaron en ese momento que la rivalidad entre ambas era tal que el consejero de Google llevaba meses apartado de las reuniones del consejo.

Apenas horas más tarde, el diario económico The Wall Street Journal desvelaba que Google pondrá en marcha este otoño su propia aplicación para compartir viajes por carretera, al más puro estilo de los servicios de Uber. La tecnológica no realizó comentarios ayer sobre este extremo. Según el diario, la empresa inició en mayo un programa piloto en las inmediaciones de su sede en California que permite a los trabajadores de ciertas empresas utilizar la aplicación de navegación Waze para compartir viajes en automóvil.

Waze se centra en la navegación por carretera y actualiza información sobre accidentes y otros sucesos a través de mensajes de sus usuarios. A diferencia de Uber o Lyft, que funcionan casi como un servicio de taxi, la iniciativa de Google busca conectar únicamente a conductores que van en la misma dirección a la que quiere ir otra persona, según esa misma fuente. Para ello, planea que las tarifas sean lo suficientemente bajas como para disuadir a los conductores de operar como taxistas. Este servicio funcionará en el área de San Francisco con la vista puesta en expandirlo si tiene éxito.

El hecho de que Google quería ser un partícipe activo en la revolución que atraviesa la movilidad a nivel mundial no es un secreto. En varias ocasiones, sus ejecutivos han hablado de ciudades inteligentes y de cómo los coches autónomos y conectados serán una pieza indispensable. Que empiecen a desarrollar su propia tecnología era de esperar.

Uber es consciente de que su dependencia de Google va más allá de lo económico. Su aplicación funciona en los smartphones, en donde Google tiene su distribución Android, y se basa en los mapas de la compañía. Por eso, ya está invirtiendo e investigando en su propia cartografía, además del proyecto de centro de investigación que tiene con la Carnegie Mellon University para desarrollar en Pittsburgh su propia tecnología de coche autónoma. La guerra, caliente o fría, no ha hecho más que empezar.

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