Infraestructuras
Una recreación de un tren Alstom, operado por Amrrak en Estados Unidos.
Una recreación de un tren Alstom, operado por Amrrak en Estados Unidos.

Estados Unidos acelera la apuesta por la alta velocidad

Alstam renovará los trenes de la línea entre Washington y Boston por 1.800 millones de euros.

En un país donde las distancias entre ciudades se cuentan por horas de avión, el Gobierno estadounidense ha redoblado en los últimos años su apuesta por los trenes de alta velocidad para tratar de salvar la ralentización de la red norteamericana con respecto a la de otras potencias. El objetivo: encontrar una solución terrestre que descongestione el espacio aéreo de la primera economía del mundo.

La última operación en el sector fue revelada ayer. La francesa Alstom llegó a un acuerdo con Amtrak –empresa pública de transporte ferroviario– para reemplazar 28 convoyes de la línea entre Washington D.C. y Boston. El acuerdo, cerrado por un importe de 1.800 millones de euros, está llamado a relevar material fabricado en el año 2000 por Bombardier. Los nuevos vehículos, los Avelia Liberty, incrementan en un 33% la capacidad de los anteriores y alcanzarán una velocidad de 300 kilómetros hora.

La vía férrea, conocida como el Corredor Nordeste (NEC), une los 730 kilómetros entre la capital federal y la del Estado de Massachusets. Es la primera de alta velocidad del país y reduce el trayecto entre Boston y Nueva York a 2,45 horas, y entre esta ciudad y Washington a 3,15 horas. El número de viajeros ha aumentado desde su inauguración en 2002 de los 2,4 millones a 3,5 en 2014. La cifra triplica los desplazamientos en avión de todas las compañías entre Nueva York y Washington, según la Unión Internacional de Ferrocarriles.

Esta línea coloca a Estados Unidos en el decimoquinto lugar –con un 5 de puntuación– en la clasificación del Foro Económico Mundial los países con las mejores infraestructuras ferroviarias. El ranking lo encabeza Japón, calificado con un 6,9, y España ocupa la cuarta posición con un 6,7.

Otros proyectos del sector ferroviario siguen esta senda de mejora del ferrocarril norteamericano. Un ejemplo es la construcción de un tren bala entre Los Ángeles y Las Vegas por un consorcio formado por la China Railway Group y Xpress West Enterprise, del que la primera anunció en junio su desvinculación. La infraestructura permitirá recorrer los 370 kilómetros que separan las dos ciudades en 80 minutos.

Las empresas españolas también están presentes en la expansión de la alta velocidad por Estados Unidos. En concreto, en la que será la segunda línea de AVE en el país: la que recorra el Estado de California desde San Francisco a Los Ángeles.

En este contexto es ACS la que se ha llevado la mayor parte del pastel. La compañía española entró en el negocio en 2015 al adjudicarse un tramo a través de un consorcio entre Dragados, Flatiron y Shimmick por 970 millones de euros. En el concurso también participaron, sin suerte, las españolas OHL y Ferrovial por construir los 104 kilómetros en el Valle Central de California.

Al sur de este tramo trabaja también Ferrovial. La constructora obtuvo en enero un contrato para construir una línea de 35,4 kilómetros por 310 millones. De similar longitud y cuantía es el tramo que se adjudicó en marzo y que completa su presencia.

“EE UU, que ha desarrollado un ejemplar sistema ferroviario debe unirse a los países clave del mundo en transporte de pasajeros de alta velocidad”. Estos son los deberes que la Unión Internacional de Ferrocarriles pone al Gobierno estadounidense.

 

 

 

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