La UE, del revés

¿Por qué los alemanes detestan tanto a Mario Draghi?

El presidente del BCE, Mario Draghi, y la canciller alemana, Angela Merkel.
El presidente del BCE, Mario Draghi, y la canciller alemana, Angela Merkel.

La creciente inquina de Alemania contra Mario Draghi tiene poco que ver con el pasaporte italiano del presidente del BCE y mucho con la estructura financiera del país de Angela Merkel. Sin apenas deuda hipotecaria, con poco crédito al consumo, con el ahorro durmiendo en productos garantizados, los alemanes sufren con unos tipos de interés que en el resto de la zona euro suponen un gran alivio.

La tensión entre Berlín y el BCE alcanza tal nivel que el ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schäuble, llegó esta primavera a acusar a Draghi de ser el responsable, “al menos del 50% del ascenso” de Alternative für Deutschland, el partido euroescéptico y xenófobo que ya supera el 10% de expectativa de voto en los sondeos para las elecciones generales de 2017.

El BCE se defiende y recuerda que Alemania ya ha vivido otras veces con tipos reales negativos cuando la política monetaria era nacional y dependía del Bundesbank. Y en pleno rifirrafe, Draghi espetó en enero que “nuestro mandato es la estabilidad de precios y no es el de proteger la rentabilidad de los bancos o de las aseguradoras”. Pero por esta vez, el Gobierno de Merkel preferiría que el BCE no respetase tan a rajatabla su mandato.

Los hogares alemanes, según un informe del BCE de 2013, tienen el 80% de sus activos financieros en productos a los que no favorece la actual política monetaria: en depósitos bancario (44%), pólizas de seguros de vida garantizadas (26% frente al 15% en España) o fondos mutuales (10%).

Alemania es también el país de la zona euro con la tasa más baja de vivienda en propiedad, según la Comisión Europea, un índice que va en paralelo al del crédito hipotecario que, además de escaso en comparación con otros mercados, se beneficia poco del desplome de los tipos de interés. En 2007, antes de que comenzase la relajación de la política monetaria para responder a la crisis del euro, el 85% de las hipotecas alemanas estaban concedidas a un tipo fijo de interés mientras que en España el 91% se concedían a tipo variable.

El país de Angela Merkel tampoco se ha dejado tentar por el precio barato del dinero que la zona euro disfruta (o sufre) desde 2008. El endeudamiento de los hogares alemanes figura entre los más bajos de la OCDE, con una cifra total equivalente al 54% del PIB del país (67% en España). Y, según señala la Comisión Europea en su informe de 2016 sobre los desequilibrios macroeconómicos de Alemania, “el desapalancamiento pasivo de los hogares alemanes continúa”, con la amortización viento en popa de la deuda pendiente y un crédito nuevo por debajo del 1% del PIB nacional.

Sin deuda y sin riesgo, los tipos cero de Draghi hacen más daño que beneficio. La factura de la política monetaria del BCE para los hogares alemanes sería de 200.000 millones de euros entre 2010 y 2016, según datos de la entidad DZ Bank, citados por el diario Financial Times.

El sector financiero chirría, con una banca que ve rebajada su rentabilidad y que, dada su fragmentación, dispone de poco margen para mejorar su eficiencia o traspasar costes a los clientes. La banca europea, según el BCE, suele obtener el 25% de sus ingresos a partir de comisiones y el 60% del diferencial de los tipos de interés. La caída de los tipos estrecha la mayor partida y obliga a cambiar el modelo de negocio, una asignatura que la tradicional banca alemana no parece en condiciones de aprobar.

El sector asegurador se encuentra en peores condiciones, si cabe. Las pólizas de seguro de vida con rentabilidad anual garantizada son el producto más popular del país y el 46% de los hogares alemanes ha contratado una de ellas, frente al 33% de la media europea o el 23% en España, según datos del BCE.

La expansión de esas pólizas se hizo a base de garantizar rentabilidades muy altas, con unos rendimientos medios del 3%, según datos de la CE. En tiempos “normales” la burbuja era sostenible. En una zona euro con unos tipos de interés al 0% el mantenimiento de esa rentabilidad amenaza la viabilidad de las propias compañías.

La gestión de ese riesgo, además, deja mucho que desear porque no contempló una coyuntura como la actual. Los test de estrés del sector asegurador de 2013 revelaron que las aseguradoras alemanas tienen una brecha temporal de 10 años entre los compromisos de pago que han adquirido (20 años de media) y los activos que utilizan para blindar esos pagos (10 años). Si los tipos de interés continúan bajos, las aseguradoras alemanas podrían acusar una falta de capital de 12.000 millones de euros y, sin medidas correctoras, la mitad de ellas podría incumplir las normas europeas de solvencia. Los próximos test de estrés, que se publicarán en diciembre de este año, actualizarán la dramática fotografía.

Y la situación se complica por los estrechos lazos entre ambas ramas del sector financiero. En 2011, las aseguradoras alemanas tenían el 47% de su cartera invertida en las entidades bancarias del país. El porcentaje ha descendido hasta el 37%, según datos del Bundesbank, pero sigue estableciendo un vínculo entre ambas actividades que recuerda peligrosamente al círculo vicioso entre riesgo bancario y riesgo soberano que agravó la debacle financiera en gran parte de la periferia de la zona euro, incluida España.

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