El futuro electoral en EE UU
Un asistente al mitin de Hillary Clinton en Las Vegas sostiene un cartel de la candidata demócrata.
Un asistente al mitin de Hillary Clinton en Las Vegas sostiene un cartel de la candidata demócrata.

La economía según Hillary Clinton y Donald Trump

Hillary eligió Las Vegas para desvelar su plan económico. Para los menos informados, Las Vegas es sinónimo de ideas preconcebidas o prejuicios: es la ciudad de Elvis (not anymore: Priscila “se ha llevado todo” a Graceland y solo queda una escultura conmemorativa del Rey del rock & roll). Es la ciudad del pecado, de las juergas, de las borracheras; es hortera, barata y todos vienen a dejarse los dineros en los casinos. Lejos de esta realidad, hay otras dos visiones de Las Vegas. Una, repleta de lujo y glamour, con hoteles de 5 diamantes (7 estrellas), el mayor número de restaurantes con tres estrellas Michelín y más tiendas Chanel, Hermes, Prada y Gucci por metro cuadrado del mundo. Y exposiciones de Picasso y Caravaggio. Convenciones de todas las empresas tecnológicas del país. Y turismo de todos los tipos: 40 millones de personas vienen a Las Vegas cada año, cada uno a lo suyo.

Y aquí aparece otra visión de la “ciudad del pecado”: hay dos millones y medio de trabajadores en el sector servicios que recogen basura, trabajan en restaurantes, cocinas, seguridad, etc. El 89% son hispanos y el 11% son afroamericanos. Ante este público trabajador, Obama, en 2012, expuso su visión económica de América y, ahora, también lo hace Hillary Clinton.

Trump quiere reducir a tres los tipos impositivos: (12%, 25% y 33%), invertir en ladrillo, acero y carbón. ¿En qué siglo vive?

Son trabajadores que ganan muy pocos dólares por hora (Obama quiso llegar a los 15 y Clinton se queda en 12), no tienen seguro médico –a pesar de que, con Obamacare, 20 millones de americanos ya tienen seguro médico- y, por supuesto, tampoco contrato ni seguridad social. Muchos son inmigrantes ilegales, que trabajan tres turnos al día para mantener sus familias y pagar las facturas.

A “éstos” quiere meter Trump en autobuses y llevárselos al sur de Río Bravo y Río Grande. Entre 11 y 15 millones de personas…, muchos republicanos se distanciaron de Trump ante esta aberración. Además, su productividad por hora es muy alta, la más alta del país, aunque en la nación haya descendido un 0,4% anual en el segundo trimestre el año, simplemente porque los salarios anuales se han incrementado en un 2,4%.

Clinton propone crear una entidad financiera  para movilizar hasta 275.000 millones en un plazo de cinco años para infraestructuras

Marisa Meyer, aún CEO de Yahoo (comprada por Verizon; se lleva indemnización de 57 millones de dólares) dijo el 10 de agosto a The Wall Street Journal que el secreto del éxito es trabajar “130 horas semanales”. Bueno, pues los hispanos, en Las Vegas, le ganan por la izquierda, aunque no tengan tanto éxito como ella.

Hillary explicó que subiría impuestos a los más ricos y los bajaría a la clase media. El país necesita remozar sus infraestructuras: no es menester que las carreteras, luz, agua o puentes, por ejemplo, de Los Ángeles sean como lo que muestra la película L.A. Confidential (años cuarenta del siglo pasado). Clinton compromete 275 billones de dólares americanos a inversión en infraestructuras. Clinton está a favor del comercio mundial y la globalización, aunque acuerdos como el TTP en Asia Pacífico no están en su agenda: quiere traer empleo a Norteamérica que ahora está en 12 países del sudeste asiático. Quiere impulsar las TIC para aumentar la productividad y crear empleo, como hizo su marido en los años noventa. Y dedicar la subida de impuestos a los ricos para financiar Sanidad, Seguridad Social y el cuidado de los niños en las familias más pobres.

Trump promete renegociar los acuerdos de libre comercio que ha firmado EEUU con los países del Pacífico (TTP) y con Canadá y México (Nafta).

Clinton avanza imperturbable a pesar de los ataques de Trump (alusión a la Segunda Enmienda de la Constitución y una posible amenaza en el mundo de los que aman las armas en este país; los emails, la Clinton Foundation, Bengasi, etc), a quien le recuerda: “es la economía, machote” (utilizo esta palabra porque es la imagen que él quiere transmitir, sea en su relación con las mujeres, el uso de armas nucleares o el desprecio por sus aliados de la OTAN).

Muchos republicanos han perdido la paciencia con Trump, también en Las Vegas, donde tiene una inmensa torre con su apellido –obvio-. Congresistas y senadores se distancian de él y apoyarán a Clinton. Líderes empresariales –en TIC, energía, banca, automóvil, etc- republicanos, como Meg Whitman (HP), darán dinero a Clinton y harán campaña por ella. 50 expertos republicanos, que saben todo de Seguridad Nacional (ex directores de la CIA y el FBI, presidentes de los consejos de seguridad nacional desde Nixon hasta Bush hijo), dicen que “Trump no tiene temperamento ni carácter para ser presidente”.

Pero, aparentemente, la ruptura en el partido republicano no va con Trump. Él, en Detroit, hace público su plan económico: abraza el programa fiscal del partido (reducir a tres los tipos impositivos: 12%, 25% y 33%), invertir en “ladrillo, acero y carbón” (¿en qué siglo vive?) para atraer votantes de estados como Michigan, Ohio, Filadelfia y Florida. Sin embargo, Clinton le saca entre 7 y 10 puntos –depende de la encuesta- en el país y, de media, le gana por cuatro puntos en cada uno de esos estados.

Peor aún, Trump debe ignorar que, con Obama, se han creado 14 millones de empleos y, tras la Gran Recesión, el PIB ha crecido 2,2% de media. Es cierto que con John Fitzgerald Kennedy, EEUUcrecía al 6%, pero entonces no existían los países emergentes. Trump tampoco sabe que la tasa de paro es del 4,7% y en julio se crearon 255.000 nuevos empleos.

Trump promete en la desierta y en bancarrota Detroit un plan de infraestructuras que hará la delicia de sus amigos del sector inmobiliario; promete renegociar los acuerdos de libre comercio (TTP, NAFTA, etc) y dice que habrá futuros planes para el cuidado de niños y la seguridad social. Un apunte: Trump debe ignorar que las tres grandes automovilísticas de Detroit se han mudado al Silicon Valley, donde las empresas TIC aplican la inteligencia artificial a los coches. Trump desveló su programa económico ante un poderoso lobby económico en Detroit y Hillary hizo lo propio en Las Vegas ante un auditorio de trabajadores de cuello blanco que curran 18 horas diarias para llegar a fin de mes.

Las encuestas dan la victoria a Clinton, pero la batalla acaba solo de empezar: faltan los debates.

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