Editorial

El precio de la inestabilidad global

Una niña sostiene una bandera en Estambul.
Una niña sostiene una bandera en Estambul.

En los últimos días, el mundo se ha enfrentado a señales claras de la inestabilidad geopolítica. Los motivos de alarma se han sucedido un día tras otro. Niza fue el objetivo de un nuevo golpe del terrorismo yihadista, que se está cebando en especial con Francia, donde ha habido unos 250 muertos por ataques de este tipo en el último año. Los azotes del terror global ya tienen consecuencias políticas: la gestión del presidente Hollande está en cuestión y ya recibe duros ataques de la oposición derechista, tanto de Sarkozy como de Le Pen. Es duro, pero debería estar asumido –por las autoridades, por la opinión pública y por los mercados– que vendrán nuevos golpes de un tipo de terrorismo muy difícil de combatir, sin estructura jerárquica, que se mueve bien en las redes y con capacidad de apropiarse de las acciones de los llamados lobos solitarios. Solo la perseverancia –y la cooperación entre servicios de seguridad e inteligencia de distintos países– dará efecto. Y, sin unidad de las fuerzas políticas, esta lucha se debilitará gravemente.

En Turquía, un país clave para la estabilidad de Europa y Oriente Medio, el viernes se produjo una intentona golpista contra un régimen, el de Erdogan, que atraviesa una deriva autoritaria pero tiene un sólido apoyo en elecciones democráticas. El fracaso del golpe ha aliviado a los que, como la UE, rechazaban una injerencia militar contra un Gobierno civil, como han sido demasiado habituales en ese país. Pero no tranquiliza, con vistas a la estabilidad regional, que sirva de detonante al régimen para realizar una purga en todos los estamentos: militares, judicial, administrativo, político y hasta mediático. Con golpe o sin golpe, Turquía aparece hoy a enorme distancia del modelo europeo en cuanto al Estado de derecho y las libertades democráticas, así que su integración en la UE parece cada día más lejana.

En Luisiana, la tensión racial que estalló por la muerte de ciudadanos negros a manos de la policía, volvió a desembocar en una matanza, con tres agentes asesinados. Un estallido de violencia inquietante en vísperas de que la convención republicana confirme a Donald Trump, un populista xenófobo, como candidato a la Casa Blanca. Eso después de que los británicos votaran el brexit tras una campaña irresponsable en que se mintió a la ciudadanía y se exaltaron las más bajas pasiones contra los inmigrantes. Junto al terrorismo, el ascenso del populismo en todo Occidente puede ser una de las causas más temibles de desestabilización política global, lo que indirectamente siempre es negativo para la inversión y los negocios.

La tranquilidad mostrada ayer por las Bolsas solo indica una cosa:los inversores han descontado que nos encontramos en tiempos difíciles. La inestabilidad ya cotizaba. Pero en cualquier momento podría agravarse.

 

Normas