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Una esperanza para Reino Unido

La capacidad para autocriticarse es una característica distintiva de una democracia que funciona

John Chilcot, responsable del informe sobre Irak.
John Chilcot, responsable del informe sobre Irak.

La autoestima de Reino Unido está por los suelos. Menos de dos semanas después de un referéndum que ha desencadenado una crisis política y financiera, una investigación oficial dirige fuerte críticas a la decisión del país de ir a la guerra de Irak en 2003. Aunque incriminatoria, sus conclusiones representan por qué los inversores extranjeros podrían seguir financiando el agujero del 6,9% del déficit.

El informe sobre Irak de John Chilcot critica al ex primer ministro Tony Blair y a su Gobierno por recurrir a acciones militares antes de agotar todas las soluciones pacíficas. Aunque no afirma que la guerra fuera ilegal, el documento dice que su base legal no fue “satisfactoria”, los argumentos para la invasión fueron exagerados y estuvieron basados en una inteligencia con fallos, y la anticipación de las consecuencias del conflicto fue inadecuada.

Por una parte, el informe llega en un mal momento. Corre el riesgo de agravar la desilusión de los votantes con la elite política que les pidió permanecer en la UE y de los que lideraron la campaña para abandonarla para retractarse en un par de promesas clave, como el ahorro que supondría el brexit.

Sin embargo, en todo caso, el documento subraya la fuerza del marco legal e institucional de Gran Bretaña. Aunque ha tardado mucho en hacerse, sus descubrimientos son un lavado de imagen. La capacidad para autocriticarse es una característica distintiva de una democracia que funciona.

Los inversores ya lo han visto. Reino Unido está todavía en shock, los conservadores y el partido laborista de la oposición no tienen rumbo. Escocia podría querer abandonar el país y la deuda es de alrededor del 80% del PIB. Sin embargo, los inversores están comprando bonos del Estado, con los rendimientos cayendo a mínimos por debajo del 0,8%. Es cierto que las expectativas de que el gobernador del Banco de Inglaterra Mark Carney recorte los tipos de interés está alimentando dicho demanda. Pero esto no será suficiente sin los puntos fuertes de Reino Unido: su Estado de derecho y una administración publica independiente, que permitirán al país funcionar sin la una mano firme al volante.

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