Tribuna

¿Hay que bajar el IVA cultural?

Todos los grandes partidos políticos, a excepción del partido en el Gobierno, habían anunciado que bajarían el tipo del IVA sobre la cultura

Si analizáramos las numerosas medidas fiscales que se han adoptado en los últimos años como consecuencia de la crisis y las ordenáramos según su impacto en la prensa, seguramente la subida del mal denominado IVA cultural ocuparía el primer lugar.

Esta circunstancia no deja de ser paradójica, si tenemos en cuenta que el gasto familiar afectado por esta medida es muy reducido, en torno al 1% del gasto total. Cierto es que la subida fue, nunca mejor dicho, espectacular: del 8% al 21%. ¡Un aumento del 162,5%! Y coincidió, además, con una severa crisis económica que provocó una importante caída en el consumo de todos los bienes y, en particular, de los bienes culturales.

En todo caso, ante la fuerza de las opiniones contrarias a la subida, todos los grandes partidos políticos, con la excepción del partido en el Gobierno, habían anunciado que en caso de ganar las elecciones bajarían el tipo del IVA sobre la cultura. Pero, ¿hay motivos para favorecer la cultura con un tipo impositivo reducido en el IVA?

El principal argumento en defensa de la bajada es que los bienes culturales son bienes preferentes cuyo consumo deber ser fomentado por los poderes públicos. No sin razón se afirma que la cultura debe ser fundamental en las sociedades modernas y que no hay desarrollo verdadero sin cultura ni educación.

Coincidiendo, pues, en la defensa de la cultura y en el papel activo que los poderes públicos deben desempeñar en este campo, cabe plantearse: ¿es el IVA un instrumento adecuado para fomentar la cultura? Y es aquí donde, en mi opinión, sorprende la ausencia de debate en nuestro país. Se ha decidido sin demasiado análisis que el gravamen cultural debe bajarse y, como en muchos otros ámbitos, no cabe cuestionarse nada más. Sin embargo, creo que el tema merece un poco más de atención.

Una bajada del IVA beneficiaría a todos los consumidores de productos culturales con independencia de su nivel de renta. Con el IVA no es posible aplicar tipos impositivos distintos en función de la renta u otras características del consumidor. Y los estudios sobre gasto demuestran que el importe dedicado a cultura aumenta con la renta de las personas, por lo que una bajada del IVA cultural sería sin duda regresiva. En otras palabras, favorecería a los que más ingresos tienen.

"Si una parte del consumo tiene un trato favorable, el tipo general que permite obtener la recaudación debe ser mayor”

Por otro lado, aplicar un tipo impositivo reducido tiene un coste recaudatorio, no es gratis. Si una parte del consumo de los hogares recibe un tratamiento favorable, al final el tipo impositivo general que permita obtener la recaudación deseada debe ser mayor. El consumo que sí se grava al tipo general acaba pagando un tipo mayor. La recomendación académica sobre el IVA (el Informe Mirrlees es un buen ejemplo) suele ser la de ampliar la base del impuesto, no disminuirla mediante tipos reducidos o exenciones.

Finalmente, cabe tener presente que la subida del IVA afectó a una parte de la cultura, no a toda, porque de hecho los libros, las revistas y la prensa (siempre que sean en papel) siguen tributando al tipo superreducido del 4%. El legislador consideró ya hace muchos años que merecían un trato aún más ventajoso en el IVA.

Pero la cuestión clave debiera ser si gracias a este tipo menor se lee más. Porque si un lector compra un libro con independencia del IVA, el impacto a favor de la cultura por el menor tipo impositivo sería nulo. En consecuencia, debería estudiarse empíricamente si el consumidor cambia de comportamiento y gracias a un tipo reducido lee más.

En caso contrario, el IVA no sería un buen instrumento para fomentar la cultura y la recaudación adicional se podría utilizar, por ejemplo, para otras políticas alternativas quizá más eficaces para fomentar la lectura, como por ejemplo mejores bibliotecas.

En definitiva, la discusión debe centrarse en si el IVA es un buen instrumento para fomentar la cultura. Al respecto, la respuesta no está nada clara y debería analizarse con mayor profundidad antes de ofrecer un tratamiento beneficioso. Sería bueno que las decisiones públicas se tomaran a partir de estudios rigurosos, hechos públicos, y que no fueran el resultado de meros cálculos políticos o del poder de ciertos grupos de presión.

José M. Durán Cabré es investigador del Instituto de Economía de Barcelona (IEB).

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