Elecciones generales

¿Qué espera el mercado de los comicios de este 26J?

 Panel informativo de la Bolsa de España
Panel informativo de la Bolsa de España EFE

Los inversores empiezan ya a acostumbrarse al riesgo político, ese que hace que sus decisiones puedan verse influidas de forma determinante por el curso de los acontecimientos en la vida de un país. Nada más favorable para invertir que un entorno político tranquilo y previsible y en el que se garantice la libertad de mercado y la máxima de que los acreedores serán cumplidores y pagarán sus deudas, un mantra que la profunda crisis de la zona euro llegó a poner en cuestión para susto de los parqués.

El entorno de inversión ya no es el que era antes de la crisis, ahora con tipos de interés cero que han venido para quedarse por largo tiempo. Y ha cambiado también el contexto en el que los inversores han de tomar sus decisiones, más condicionadas a la deriva política, que en España tiene este domingo una nueva cita electoral. Será el segundo intento de formar gobierno después de que las elecciones legislativas del pasado 20 de diciembre arrojaran, por primera vez en la historia de la democracia, un parlamento muy fragmentado en el que las principales fuerzas políticas no fueron capaces de alcanzar un acuerdo para formar una mayoría de gobierno.

La historia amenaza con repetirse este domingo, a la vista de que las posiciones se han enconado en los últimos meses y de que esto dificulta la política de alianzas entre las principales fuerzas políticas –que ya no son solo los tradicionales PP y PSOE sino también Podemos y Ciudadanos–. Los sondeos no arrojan un resultado mucho más diferente al de diciembre salvo por el avance de Podemos, ahora en coalición con Izquierda Unida y en condiciones de superar en votos y escaños al Partido Socialista. No se descarta incluso la sorpresa mayúscula de que resulte el partido más votado, por delante del PP, lo que ha despertado las alarmas en la comunidad inversora, que considera que la formación que lidera Pablo Iglesias agravaría el incumplimiento del déficit, la desviación en las cuentas públicas y el enfrentamiento con Bruselas.

La incógnita se resolverá el domingo pero, como apunta la gestora Pionner Investments, “los años de estabilidad política en España se han ido”. La gobernabilidad del país pasa por una incierta política de pactos en la que los inversores tienen claras sus apuestas y también sus predilecciones.

  • Pacto obligado

El escenario mayoritario que comparte la banca de inversión, y el que plantea a sus clientes, es el de un triunfo del Partido Popular que pudiera gobernar con el apoyo de Ciudadanos y la abstención del PSOE. Aunque no sin graves dificultades. Así, como señala Unicredit, “el escenario político se mantendrá muy fragmentado con el PP probablemente de nuevo en primer lugar. Aunque las probabilidades de entrar en punto muerto son ahora mayores que en diciembre”. De hecho, la firma italiana apunta a que sería necesario un cambio de líder en el PP_y quizá también en el PSOE para alcanzar un acuerdo de gobierno. Deutsche Bank también apunta a un gobierno de coalición en minoría de PP y Ciudadanos, con el apoyo con condiciones de los socialistas. “Puede que sea necesario un cambio en el liderazgo del PP”, añade. Sería el precio para alcanzar un pacto si, como todos los candidatos han señalado, no desean de verdad unas terceras elecciones.

El otro escenario que manejan los inversores, y que consideran menos probable, es el de una coalición de izquierdas entre Unidos-Podemos y PSOE. Deutsche reconoce la dificultad de este acuerdo dado “el antagonismo” entre ambos, aunque los bancos dejen esta posibilidad abierta. “Un resultado potencial e inesperado sería una coalición de PSOE y Unidos-Podemos. El PSOE sería reticente pero si Unidos-Podemos lograra cerca del 30% del voto, la balanza se inclinaría definitivamente en favor de una coalición”. Y este sería sin duda el resultado menos deseado por los inversores.

  • Reacción en mercado

El Ibex reaccionó con una caída del 3,6% el día después al 20 de diciembre, cuando el resultado electoral mostró que los inversores habían fallado en su apuesta por una mayoría de gobierno entre PP_y Ciudadanos. “El mercado ya tiene eso ganado respecto a diciembre, ya lo encajó entonces”, explica Alfonso de Gregorio, director de Gestión de Gesconsult. El experto recuerda que la gran preocupación de los inversores es el brexit, y una victoria de Unidos-Podemos no está por tanto recogida ahora en el mercado. “No hemos hecho un cambio de cartera por la proximidad de las elecciones, pero sí lo haríamos ante un triunfo de Unidos-Podemos”, advierte De Gregorio. “Si se impone la coalición izquierdista, puede que los mercados respondan de manera desfavorable, lo que derivaría en un repunte de los rendimientos de la deuda española y en un retroceso de los activos de riesgo europeos”, añaden desde Pimco.

Unicredit insiste en la misma idea al señalar que un triunfo de Unidos-Podemos, aunque en su opinión improbable, elevaría la presión sobre la deuda soberana española. Otro factor determinante es el resultado del referéndum británico, principal foco de preocupación para los inversores, “que ven a los países de la periferia europea más como un grupo y se detienen menos en factores específicos de país”.

Con el brexit como epicentro, las elecciones españolas se han mantenido de hecho en un segundo plano y el diferencial del bono español con el italiano –referencia habitual para medir la prima de riesgo con que se penaliza a uno u otro país– se ha relajado en las últimas semanas. De marcar a finales de marzo 30 puntos básicos de sobrecoste para España, la diferencia se reduce ahora a apenas 7 puntos sobre el italiano, con rendimiento inferior. “Es muy probable que las elecciones españolas no sean capaces de mover el mercado de forma tan significativa en los próximos meses como el referéndum británico, el referéndum italiano de octubre sobre la reforma constitucional para suprimir la función legislativa del Senado y las elecciones presidenciales de noviembre en Estados Unidos”, señalan en Pioneer.

Y si los inversores aciertan esta vez en su pronóstico de un gobierno liderado por el PP con apoyo de Ciudadanos y respaldo del PSOE –aunque no fuese una gran coalición a la alemana con la implicación ctiva del PSOE, la fórmula más al gusto de los inversores–, la respuesta del mercado sería apenas perceptible. En ese caso, Unicredit apenas ve margen para oscilaciones notables en la deuda soberana. Y ante los peligros de turbulencias, el escudo protector del BCE sigue ahí: 80.000 millones de euros al mes en compras de deuda soberana y corporativa con las que garantizar la financiación barata en el mercado de estados y empresas.

  • Desafíos por delante para la economía

Pasadas las elecciones, el verdadero veredicto del mercado vendrá después, cuando el nuevo gobierno tenga que enfrentarse a los desafíos que le esperan a la economía española.

El limbo ejecutivo en que lleva meses el país, con un gobierno en funciones desde diciembre, no habría impactado apenas en la economía española, según Deutsche Bank. BBVA advierte en cambio de que la incertidumbre sobre la política económica registrada entre enero y mayo podría restar 0,3 puntos al crecimiento del PIB en 2016 y de 0,6 puntos en 2017. Y avisa de uno de los desafíos más inmediatos y que el nuevo gobierno deberá encarar de forma urgente, el recorte del déficit y el cumplimiento de los objetivos marcados por Bruselas. “La probabilidad de que el conjunto de las administraciones públicas no cumpla con los nuevos objetivos presupuestarios es significativo, salvo que se produczca un importante ajuste en lo que resta de año”, añade BBVA.

Pese a los ajustes, España incumplió los objetivos de recorte de déficit en 2014 y 2015 y también lo hará este año, en que el ejecutivo de Mariano Rajoy aspiraba a terminar con un déficit del 3,6% y del 2,9% en 2017, según el último Programa de Estabilidad. La Comisión Europea decidió en mayo conceder un año más a España para cumplir el objetivo de rebajar el déficit del 3% a 2017, en lugar de este mismo ejercicio, pero la concesión de esa prórroga no se decidirá hasta julio, una vez que Bruselas haya emitido su veredicto sobre el incumplimiento del objetivo de 2015, una infracción que podría acarrear a España una multa de hasta el 0,2% del PIB. En definitiva, al nuevo gobierno le aguarda el constante pulso con Bruselas para cuadrar las cuentas públicas y las instituciones europeas serán igualmente vigilantes con los objetivos.

“El problema más inmediato es el déficit”, señala Santiago Carbó, catedrático de Economía de la Bangor University y Funcas. “La recuperación de la economía española es fuerte y tiene viento de cola gracias a la mejora de las exportaciones, la construcción o el turismo. Eso no se diluye tan rápido”, advierte ante el posible impacto en la economía de un cambio de gobierno. El nuevo ejecutivo deberá afrontar el elevado desempleo –el segundo mayor de la zona euro, rondando el 20%– y comenzar a dar respuesta a otros dos grandes desafíos para el futuro más cercano: las pensiones públicas y la reforma de la administración. Según Carbó, “es necesario el consenso político para las pensiones futuras, para eliminar el gasto improductivo y hacer políticas de empleo eficaces”. Y sea cual sea el resultado del 26J, las reformas económicas tendrán que pasar por los pactos.