Entrevista con Carmen Bustos

“Un consejero delegado es el nuevo director de diseño”

La fundadora de la consultora Soulsight transmite a sus clientes su estilo de trabajo

"Hay veces hay que 'hackear' los propios sistemas operativos"

“Un consejero delegado es el nuevo director de diseño”

Los comienzos suelen ser complicados. Hoy, el negocio de la consultora Soulsight va sobre ruedas, pero allá por el año 2000, cuando comenzó la andadura de la empresa, todo era diferente.

Así lo recuerda Carmen Bustos (Madrid, 1978), fundadora y consejera delegada de la firma. “Terminé mis estudios de marketing en ESIC y monté el negocio con un compañero tras trabajar un año con mi madre, pero los primeros años fueron muy complicados”, explica. Eran jóvenes, inexpertos y, aunque tenían muchas ganas de sacar todo adelante, la consultoría estratégica era un producto muy complicado de vender. “Y hoy, aunque menos, lo sigue siendo”. Entre otras razones, por el tiempo, ya que un proyecto de cambio estratégico no puede implementarse de la noche a la mañana.

En Soulsight lo han solventado estableciendo un periodo máximo de dos meses y medio para desarrollar cada uno de los proyectos que solicitan las empresas. De hecho, han diseñado sus oficinas, muy cerca de la madrileña Puerta de Alcalá, para este propósito. El espacio está dividido en varias salas en las que se encierran cada uno de los equipos que trabajan en cada plan, con una norma: un proceso dura dos meses y medio, y al terminarlo, no se puede repetir ni sala ni grupo de trabajo para el siguiente proyecto, para favorecer el intercambio de ideas y el dinamismo interno. “A veces hay que hackear el sistema operativo interno", relata Bustos.

El espacio y su diseño, reconoce, es uno de los mayores valores intangibles de la consultora. “Nuestro trabajo necesita de inspiración, e influye mucho el lugar”. La oficina es amplia y está escasamente decorada, aunque minuciosamente distribuida para que ningún objeto moleste en la tarea principal. Los suelos son de madera y las paredes, blancas, reciben por doquier la luz del sol a través de las numerosas ventanas.

Bustos cada vez trabaja en menos proyectos. Eso sí, conoce todos, porque cuando se reúne con los directivos de las empresas con las que colaboran, como Bankinter, Ikea o Alsa, debe tener conocimiento de ellos.

El comienzo de la crisis económica supuso un punto de inflexión para la consultora, ya que las grandes organizaciones se abrieron mucho más a utilizar nuevas tecnologías y métodos. A esto se le unió que Soulsight vivió, hace seis años, un proceso de cambio interno. “Nos dimos cuenta de que no impactábamos como nos habíamos propuesto en las compañías, ya que los procesos que desarrollábamos no llegaban al núcleo de la empresa y no suponían un cambio de cultura interno”, señala Bustos.

Por eso decidieron empezar a trabajar solo con consejeros delegados, directores generales y consejos de administración, “ya que un proyecto solo incide realmente en el grupo cuando el cambio lo abandera la alta dirección”. Y las organizaciones, apunta, están comprendiendo ya esta realidad. “Hoy, el consejero delegado de una empresa es el nuevo director de diseño”, prosigue la consejera delegada de esta firma, en la que trabajan un total de 16 personas de diferentes perfiles profesionales, entre economistas, filósofos, publicistas o actores, y que factura en torno al millón de euros.

Un patito de goma para recordar viejas lecciones

“Un consejero delegado es el nuevo director de diseño”

Cuando hace siete años las cosas no marchaban bien en Soulsight, coincidió con que la Art School of California realizó un curso de Design Thinking en Barcelona. Carmen Bustos consiguió acudir, no sin esfuerzo, ya que costaba mucho dinero para tan solo dos días de formación. De ese curso, que tanto le impactó para entender cómo aterrizar en las compañías, así como a guiarse por la intuición, conserva un pequeño pato de goma, que tiene en la oficina.

Su rutina laboral ha cambiado bastante en todo estos años. Un día cualquiera suyo es salir de un congreso, tener una reunión, tener que reservar de golpe una habitación en un hotel, dar charlas, reunirse con clientes... Solo mantiene una norma, que es cerrar las puertas de la oficina a las 19h cada día. “Todos tenemos una vida ahí fuera, y si nos quedamos más tiempo en el trabajo podemos tirarnos horas divagando sobre un proyecto sin ser realmente productivos”, señala.

A iniciativa de Bustos, en Soulsight invitan a profesionales de otras industrias diferentes para intercambiar opiniones, experiencias y contarse los proyectos. “Lo bueno de esta labor es que como trabajas con diferentes perfiles, acabas convirtiéndote en un micro experto de muchas disciplinas”.
De la misma forma, en algunos momentos, salen de excursión las 16 personas que trabajan en la firma y visitan otras oficinas para ver otras formas de trabajo. “Es una manera de empaparnos de lo que hay fuera de la empresa”, y además, recalca, cuanto más conocimiento se tiene de cómo funcionan las grandes compañías, más facilidades se tienen después para transmitir las ideas a las plantillas y a la alta dirección, “para que sea el propio equipo el que lidere un cambio”, que es lo verdaderamente impórtate.