Editorial

Un lastre soltado en plazo récord

Cuando dentro de unos años se estudie con la objetividad que proporciona la distancia el impacto que ha tenido la crisis económica en España y los esfuerzos realizados por empresas y particulares para superarla habrá dos palabras que serán imprescindibles en cualquier análisis: austeridad y sacrificio. Si en el caso de las familias ese ejercicio se ha traducido en una drástica reducción del consumo y en un esfuerzo titánico por reducir el endeudamiento, en las empresas el proceso se ha saldado con una intensa caída del nivel de apalancamiento. En solo tres años, las compañías españolas han conseguido reducir su deuda en 180.000 millones de euros, lo que sitúa su endeudamiento por debajo de la media europea por primera vez en once años.

Ese esfuerzo realizado en un plazo récord ha sido la consecuencia obligada de los excesos practicados durante los años de ciclo expansivo de la economía. Una suerte de época dorada que conjugó crecimiento económico, altas expectativas de futuro, elevada liquidez y tipos de interés bajos. A ello se unía una política de manga ancha en el mercado del crédito y un modelo fiscal que incentivaba el endeudamiento. El resultado fue un incremento vertiginoso de la deuda privada, que dejó no solo a los hogares, sino también a las empresas en una situación de extrema fragilidad cuando se produjo el cambio de ciclo económico. El pinchazo de la burbuja inmobiliaria, que evidenció las grietas de un modelo de crecimiento fuertemente alimentado por el ladrillo, se sumó a la crisis financiera y destruyó con una virulencia extrema miles de empresas y una ingente cantidad de puestos de trabajo.

Los expertos apuntan a que este proceso de reducción del endeudamiento puede mantenerse un par de años más, aunque a un ritmo menor. El objetivo óptimo es lograr que la deuda empresarial –equivalente casi al 105% del PIB– acabe situándose en el 75%-80%, es decir, en los niveles existentes en el año 2001. Un proceso que también debería seguir el sector público, cuya deuda ha crecido hasta superar ya el umbral psicológico del 100% del PIB frente al holgado 35% que el país ostentaba en 2007.

De la misma forma que el elevado ratio de apalancamiento del tejido empresarial y los hogares actuó como multiplicador del efecto destructivo de la crisis, las administraciones públicas españolas arrastran un lastre en sus balances que es necesario soltar cuanto antes. De momento, la hoja de ruta que mantiene Mario Draghi al frente del BCE neutraliza el riesgo, pero no lo elimina. No en vano, entre los inconvenientes que está teniendo la política monetaria expansiva de Fráncfort figura el retrasar la adopción de medidas pendientes. Algunas de ellas de carácter estructural; otras de saneamiento y desapalancamiento, tanto público como privado.