Editorial

El reto de crear más y mejor empleo

El millón de nuevos empleos que España ha creado en los últimos dos años no se ha repartido de forma homogénea en los distintos sectores de actividad, sino que se ha concentrado de forma llamativa en un sector –el de los servicios– y concretamente en dos grandes áreas: comercio y hostelería. Entre ambos mercados acaparan el 25% de los ocupados durante el primer trimestre de este año, según la última Encuesta de Población Activa, lo que supone el dato más elevado desde 2008, es decir, desde antes del estallido de la crisis.

Si en el primer trimestre de 2008 había 20,6 millones de ocupados en España, de los cuales más del 66% trabajaban en los servicios, hoy la cifra de ocupados ha bajado hasta 18 millones, con el mismo número de trabajadores en servicios, que copan ya el 76% del total. Frente a este fuerte crecimiento, hay dos áreas que han perdido empleo en ese periodo. Por un lado, el sector inmobiliario, cuyo hundimiento tras el estallido de la burbuja se ha saldado con la destrucción de 1,7 millones de puestos de trabajo; por otro, la industria, que ha perdido 870.000. Tanto el comercio como la hostelería son ámbitos caracterizados por salarios reducidos, mientras que el sector inmobiliario y la industria cuentan con retribuciones más elevadas. Una circunstancia que, a falta de que se publiquen los últimos datos estadísticos, apunta a que España registrará un nuevo retroceso del salario medio y encadenará tres ejercicios consecutivos con la misma tendencia.

La concentración del nuevo empleo en áreas de bajos salarios se explica por dos razones. Por un lado, porque el país continúa manteniendo un modelo económico en el que el sector servicios de perfil tradicional ostenta el protagonismo, pese al consenso prácticamente unánime sobre la necesidad de adoptar un nuevo esquema productivo. El diseño de ese modelo, en el que habría que primar la I+D, la tecnología y fortalecer la industria, figura entre las grandes asignaturas pendientes de la economía española y es uno de los principales retos que deberá asumir el nuevo Gobierno. Además, el esfuerzo que España ha realizado para reducir costes de producción se ha hecho notar especialmente en las retribuciones. Una circunstancia a la que hay que sumar la precariedad que suele caracterizar el empleo en las economías recién salidas de una crisis.
Los datos de la EPA revelan también datos esperanzadores. El empleo está creciendo en el sector de la educación respecto a los niveles anteriores a la crisis, tanto en términos relativos como absolutos, así como también en actividades profesionales, científicas y técnicas. Son signos de vitalidad en un mercado laboral que vuelve a bombear oxígeno, pero que tiene ante sí el reto no solo de seguir creando empleo, sino de hacerlo cada vez con mayor calidad y menor precariedad.