Editorial

Sin prisas para desprenderse de Bankia

Aunque pueda pasar desapercibido a nivel de precampaña electoral, el Gobierno que salga de las urnas el próximo 26 de junio afronta notables asignaturas pendientes en el marco del sector bancario. Es la herencia de cuando hace cuatro años el Gobierno solicitó –y consiguió– un importante paquete de ayudas europeas al sector financiero que, sin ser un rescate total del país, sí ha dejado una pesada factura en forma de deuda pública engordada hasta el 100% del PIB.

El Ejecutivo que salga del 26J tiene sobre la mesa varios frentes abiertos en el sector financiero, que tiene que despejar para culminar la reforma integral del sistema bancario iniciada con el rescate de varias cajas de ahorros. Una de las incógnitas más trascendentales es recuperar los planes para unir Bankia –64% de capital público tras las ingentes ayudas públicas– con Banco Mare Nostrum (BMN), que también ha recibido un notable respaldo de fondos públicos. El visto bueno sobre esta unión le corresponde al próximo Gobierno de España, pero la mayor parte de los expertos la considera lógica. Siempre que no surjan obstáculos políticos inesperados: Podemos ha defendido la conversión de Bankia en el embrión de un gran banco público que abra el grifo del crédito a los ciudadanos a las pymes. Esa idea es un error que no cuadra en un país avanzado. Un banco que siguiera órdenes políticas y no criterios financieros estaría abocado a nuevos agujeros; y las líneas de financiación especiales pueden abrirse (vía ICO) sin necesidad de una red bancaria propia. Lo inteligente es seguir adelante con la obligación de privatizar Bankia, acordada con Bruselas, pero sin prisas y con la defensa de los intereses de los ciudadanos como bandera. Y esto significa, exactamente, esperar la buena disposición del mercado.

José Ignacio Goirigolzarri, presidente de Bankia, dejó claro ante la última junta de accionistas que no es trascendental para la actividad de la entidad la salida del Estado del accionariado. Sin embargo, es un paso a dar. Es el accionista principal, el Estado, el que debe elegir el momento óptimo en que vender. Lo contrario será un error. Lo que Goirigolzarri describió en la última junta de Bankia como trabajar “para el contribuyente” es básico para entender el futuro de este grupo financiero. “Si no consigo que los contribuyentes entiendan que Bankia es un poco suya, tendré que volver el año que viene con una pancarta que lo ponga”, bromeó. El escenario en el que se debe mover el hoy primer banco público español, enfrentado como el resto a esta era de tipos cero y márgenes mínimos, es priorizar a sus accionistas. La contundente y eficaz respuesta de la entidad, en forma de devolución, a los inversores que le aportaron sus fondos en la salida a Bolsa es un modelo de cómo resolver importantes dificultades en un entorno difícil. La credibilidad del sector requiere respuestas de primera categoría.