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China se vuelve loca por el deporte

El dinero chino se cuela en los equipos occidentales, así como en derechos, agentes y competiciones. Pero las operaciones arriesgadas suelen conllevar palabras vacías.

Jugadores del Aston Villa, equipo adquirido por un grupo chino, durante un partido.
Jugadores del Aston Villa, equipo adquirido por un grupo chino, durante un partido.

El dinero chino entra en los deportes occidentales. La lista de acuerdos recientes o potenciales es vertiginosa y abarca desde clubes de fútbol europeos a derechos deportivos, agentes y el Ultimate Fighting Championship, competición de lucha extrema de artes marciales mixtas.

Las ofertas parecen deberse a varios factores. Algunos reflejan las fuerzas que impulsan el amplio auge de las fusiones en China: capital barato, confianza y deseo de diversificarse en el extranjero. Sobre ello se sitúa la obsesión por los deportes en vivo en todo el mundo, un contenido por el que los espectadores pagan.

Luego está la idea de que China se acerca a un auge deportivo. A Xi Jinping le gustaría que el país albergara, y algún día ganara, la Copa del Mundo de fútbol. También quiere que el negocio de los deportes alcance un valor de 5 billones de yuanes (682.000 millones de euros) al año en 2025.

Las fusiones y adquisiciones atrevidas, casi por definición, suelen ir acompañadas de palabras vacías. Deportistas y aficionados tampoco mejoran demasiado. Las visiones políticas completan la trifecta casi insuperable.

Así, la compra de una participación minoritaria en el club británico Manchester City se convierte en una “excelente oportunidad para promover la contribución de China a la familia del fútbol mundial”.

Por su parte, el hombre de negocios hasta ahora desconocido que compró recientemente el equipo inglés en crisis Aston Villa parece sorprendentemente directo. “Si al presidente Xi le gusta este deporte, no creo que sea malo que la gente haga esfuerzos para impulsar el juego”, aseguró Xia Jiantong al Wall Street Journal. “Para ser franco, si las inversiones no se deben a eso, me parece algo extraño”. Dado que los compradores chinos se acumulan en el negocio global del deporte, la honestidad es bienvenida –pero probablemente seguirá escaseando–.