Editorial

Mercado único también en la red

La comisaria europea del Mercado Interior, Elzbieta Bienkowska.
La comisaria europea del Mercado Interior, Elzbieta Bienkowska.

Bruselas dio un importante paso ayer en la batalla por crear un mercado digital único en Europa al aprobar un proyecto de reglamento que prohíbe el geoblocking, una técnica que impide a los consumidores de un país beneficiarse de las ofertas comerciales generadas en otro a través de la red. La futura norma derriba así buena parte de las fronteras digitales al comercio y pone a disposición de los ciudadanos europeos las oportunidades ofrecidas por las empresas de todo el continente, con independencia de su nacionalidad. Son muchas las compañías que utilizan el geoblocking, una práctica que restringe el libre mercado en un sector –el del comercio digital– que, paradójicamente, presume de no tener fronteras.

La decisión de Bruselas cuenta con el apoyo de los consumidores. La propia Comisión asegura recibir alrededor de dos centenares de quejas anuales respecto a esta práctica, unas 1.500 desde 2008. Bruselas argumenta, desde el más puro sentido común, que cuando un ciudadano europeo entra a comprar en una tienda física de otro país comunitario “no se le pide el documento de identidad para aceptar la compra”. Además, las autoridades comunitarias achacan a estos muros virtuales la baja penetración del comercio electrónico transfronterizo en Europa, que explica que apenas un 15% de los europeos compre a través de la red en establecimientos situados en un país distinto al suyo. Si a ello se suma que apenas cuatro de cada diez páginas web permiten que clientes en otros países completen sus compras, el resultado es un retrato muy poco halagüeño de una supuesta Europa sin fronteras comerciales. Y confirma, una vez más, que el mercado único europeo cuenta todavía con numerosos obstáculos, algunos de ellos regulatorios y otros, como en este caso, derivados de prácticas comerciales.

Las críticas que las patronales empresariales han realizado al proyecto inciden en que el geobloking no es el causante de la fragmentación del mercado, sino un síntoma de una patología cuyo origen está en los diferentes requisitos nacionales de protección al consumidor, derechos de autor y declaración del IVA, entre otras barreras. No hay duda de que el bloqueo geográfico restringe no solo el mercado único, sino también la libre competencia, por lo que la decisión de eliminar ese obstáculo es bienvenida. Pero este reglamento debería ser una pieza más dentro de una estrategia más amplia, dirigida a armonizar las disparidades regulatorias y fiscales entre los estados miembros. Lo contrario significaría depositar sobre las empresas la responsabilidad de un problema que las excede y cuyo origen está en las dificultades de una Europa incapaz de plasmar sobre el terreno los principios suscritos en sus tratados fundacionales.