Urbanismo

La ‘smart city’ española destaca en movilidad y falla en cohesión

Barcelona, Madrid y Valencia se mantienen entre las 50 ciudades más inteligentes del mundo

El servicio público de bicicletas de Madrid, BiciMAD.
El servicio público de bicicletas de Madrid, BiciMAD.

Más de tres millones de personas viven en la ciudad de Madrid y casi dos millones habitan en el entorno urbano de Barcelona. Y, pese a lo que muchas de ellas puedan pensar, la gestión que ambas ciudades hacen del transporte público, y de su movilidad urbana, es uno de los puntos principales que les hacen sobresalir entre las ciudades inteligentes del mundo. Pero no el único.

El índice Cities in Motion, elaborado por el Centro de Globalización y Estrategia del IESE, analiza todas las características e indicadores que convierten a una urbe en smart city, o ciudad inteligente. En total, casi 70 variables diferentes. Y según este informe, de las 181 metrópolis del mundo estudiadas, tres españolas, Barcelona, Madrid y Valencia, se sitúan entre las 50 primeras, aunque ninguna de ellas está en el top diez mundial: Barcelona está en el número 33, Madrid le sigue en el 34, y Valencia en el 49. Las dos primeras mejoran un puesto, y la tercera, se mantiene respecto al estudio de 2015. “Aunque ninguna localidad esté a la cabeza, tener a dos entre las 40 primeras del mundo es algo que se debe poner en valor”, explica el profesor de la Cátedra Schneider Electric de sostenibilidad y estrategia de negocio del IESE, Pascual Berrone. Aunque es cierto, recalca, que comparándolas a otras ciudades, siguen un poco lejos en algunas materias.

Indice Cities in Motion, de IESE ampliar foto
Indice Cities in Motion, de IESE

La tarea pendiente que comparten la Ciudad Condal y la capital española es, apunta Berrone, la “falta de cohesión social y la dificultad de acceder para un porcentaje de la población a elementos como el trabajo o la vivienda”. También, los indicadores económicos, como el nivel emprendedor o el PIB. Sobre todo frente a otras urbes, como Nueva York, Londres y París, que por este orden, encabezan la clasificación mundial. Sin embargo, enfatiza el docente, las ciudades españolas están aprendiendo y, sobre todo, tienen voluntad de mejora. Y, además, ninguna comparación es realmente justa. “Londres, por ejemplo, tiene varios millones de habitantes desde los años 30, y lleva mucho más tiempo lidiando con esta situación, por lo que está más avanzada”.

Barcelona y Madrid pueden presumir de unos ratios de puntuación muy positivos en otras dimensiones del citado estudio, como el indicador de proyección internacional, donde se miden el número de turistas extranjeros, la cantidad de hoteles o el número de congresos, conferencias y reuniones globales celebradas en cada localidad. En ella, Barcelona es sexta y Madrid, 12ª. Solo sacan mejor nota en la gestión de la movilidad y el transporte, en la que la capital catalana es décima, y la madrileña, quinta. La cohesión social, que mide variables como el ratio de mujeres trabajadoras, la tasa de desempleo, el índice de sanidad, o la desigualdad de la riqueza, es el indicador en el que peor puntuación sacan las dos urbes, con Barcelona en el puesto 97 global y Madrid en el número 89.

  • Por buen camino

El punto fuerte de Valencia está en la planificación urbana, donde ocupa el 16º puesto mundial. Esta categoría valora desde el número de personas que viven por hogar a la cantidad de tiendas de bicicletas abiertas. En el puesto 58 se encuentra Málaga, con una notable fortaleza en proyección internacional, siendo la octava mundial. A Coruña, en la posición 60 de la tabla, sobresale con el sexto puesto en planificación urbana. Sevilla, en el número 67 del ranking global, destaca en la categoría de medio ambiente, donde es la 26ª. La última ciudad española es Bilbao, en el puesto 69 del ranking, aunque asciende al 30 en gobernanza, que apunta a la fortaleza de los derechos legales o las plataformas de datos abiertos.

“Las ciudades españolas van por buen camino”, resume Pascual Berrone, que apunta que la clave para mejorar, para cualquier ciudad, es analizar las relaciones entre todas esas dimensiones, “romper los silos que hay en los ayuntamientos y ver dónde puede haber interrelaciones entre una categoría y otra para crear sinergias y mejorar ambas”. Esto, y fomentar la colaboración público-privada, ya que “la envergadura es tan grande que esto no lo puede impulsar la ciudad por sí sola, ni los ciudadanos por sí mismos ni únicamente las empresas”. “Es necesario trabajar en común”, y esto, poco a poco se está haciendo.