Directivos

El ego, el mayor enemigo de las bicefalias ejecutivas

Las asociaciones solo resultan con un alto grado de confianza y un reparto claro de poderes

El ego, el mayor enemigo de las bicefalias ejecutivas

El acuerdo entre Podemos e Izquierda Unida para formar una coalición electoral, de cara a las próximas elecciones del 26 de junio, ha dado el punto de partida a unas semanas en las que la palabra pacto será predominante. Entre los temas a tratar, además de las respectivas propuestas de carácter político que cada partido quiera proponer, estará el grado de responsabilidad y protagonismo que cada líder esté dispuesto a ceder para alcanzar acuerdos. Una cuestión similar a la que se da, por ejemplo, en los casos de fusiones y adquisiciones empresariales. Ahí, la definición del papel de los principales cargos ejecutivos de cada una de las empresas es crítica para el éxito de la unión.

La exigencia de un reconocimiento de ambas partes puede desembocar en un liderazgo compartido, donde dos o más directivos adquieren un mismo grado de jerarquía a la hora de tomar las decisiones. “Una idea que, en la teoría, es lo ideal, pero que no suele funcionar”, afirma el profesor de dirección de personas del IESE, Guido Stein. Por una cuestión muy personal, como explica el docente: “En esos casos se necesita un nivel de confianza, de transparencia, que es muy difícil de conseguir entre pares. Aunque siempre pueden jugar con la apariencia y, de puertas hacia fuera, vender esa compenetración”. El profesor del departamento de dirección de personas y organización en Esade, Ricard Serlavós, refrenda la idea de que las bicefalias no suelen acabar generando resultados: “Y si lo hacen, es porque ha habido algún tipo de ajuste o acuerdos para que la voz de uno acabe pesando más que la del otro”, apunta.

  • La gestión del ego

“Un liderazgo compartido funciona si prima el afán de servicio”, afirma Guido Stein, profesor de IESE

Porque el éxito de una gestión conjunta, subrayan los expertos, no depende tanto del talento y la capacidad de cada uno como de aspectos como el ego o la confianza. “Las bicefalias funcionan cuando prima el afán de servicio que el afán de poder. Cuando prima la ayuda por encima del ego”, subraya Guido Stein, para quien es fundamental que uno adquiera un mayor cuota de poder, “que se sepa bien quién es el primero y quién es un segundo. Y que cada uno sepa acatar su papel”. Para ello, describe, ambos perfiles deben tener una buena sintonía, porque el grado de confianza marcará el porvenir de esa relación: “Ahí, el talento está en que uno se acabe fiando del otro. Eso requiere de mucha inteligencia y honestidad”, además de un alto grado de respeto mutuo y de complementariedad de perfiles.

Este último aspecto es la base sobre la que se sustenta otro tipo de liderazgo compartido, y que, según Ricard Serlavós, “se ha extendido en los últimos años”. Una estructura horizontal, en la que varios cargos ejecutivos adquieren un grado de responsabilidad, asumido desde la confianza mutua, cada uno en un área de actuación muy concreto, y donde las decisiones que afectan al conjunto se toman de forma consensuada.

“Si se hace bien, es una fórmula que permite sacar lo mejor de cada uno, y elevar el grado de coordinación y de sinergias”, detalla Serlavós. Para ello, la gestión de los egos es crítica: “O son muy bajos, o hay un grado de confianza pleno”. Esto, sobre todo, será necesario en las situaciones de disconformidad a la hora de tomar una decisión concreta. “Siempre van a existir puntos de desencuentro, de ahí la importancia de la transparencia y el respeto. Si alguien acaba imponiendo su opinión sin tener en cuenta los efectos que puede generar en los demás, será una victoria a corto plazo”, añade Serlavós. Respeto, confianza y control del ego. Asignaturas en las que la esfera política necesita mejorar.

El primer gran pacto de la campaña

Los líderes de Podemos, Pablo Iglesias, y de Izquierda Unida, Alberto Garzón tras el preacuerdo electoral alcanzado por ambas formaciones para presentarse a los comicios del 26 de junio.
Los líderes de Podemos, Pablo Iglesias, y de Izquierda Unida, Alberto Garzón tras el preacuerdo electoral alcanzado por ambas formaciones para presentarse a los comicios del 26 de junio. EFE

El acuerdo de coalición alcanzado por Podemos e Izquierda Unida, que se presentarán a las elecciones generales del 26 de junio bajo la marca Unidos Podemos, reúne, según el profesor del Iese Guido Stein, a dos partes que tienen una importancia singular: “Podemos, la de los diputados, e Izquierda Unida, la de la fuerza aglutinadora de esa esfera política”. Por eso, como explica Ricard Serlavós, de Esade, “el acuerdo parte de la base de que una fuerza tiene mucha más capacidad de influencia que la otra. Pero ambos entienden que pueden aportar y ganar mucho con esa unión: unos, un número añadido de votos, y otros, una mayor influencia en el escenario político”.

Y, al menos en la esfera pública, con un alto grado de entendimiento y confianza de sus dos líderes, Pablo Iglesias y Alberto Garzón.