Editorial

El bono social, para el que lo necesita

El bono social, para el que lo necesita

El debate de la pobreza energética, como el de la exclusión de la vivienda, era necesario en este país, pero no siempre se enfoca bien. Hay familias incapaces de pagarse la calefacción en invierno, lo que resulta insoportable, del mismo modo que el drama social de los desahucios estaba pasando desapercibido hasta que una movilización ciudadana lo puso en el primer plano del debate público. Es cierto que hay situaciones de emergencia social que las autoridades deben atender. Tuvo que llegar la más grave crisis en décadas, y recrudecerse la protesta social, para que los grupos políticos y los gestores públicos se dieran cuenta.

Ahora bien, dando por sentada esta sensibilidad hacia los problemas de los más desfavorecidos, es sabido que no todas las personas que dejan de pagar la luz o la hipoteca lo hacen por no tener recursos suficientes. No tiene lógica ni casaría con la seguridad jurídica que dejar de pagar por cualquier motivo implicara sistemáticamente que el moroso siga recibiendo el servicio o bien contratado. La clave, entonces, estará en medir bien quién necesita de la protección legal y quién no.

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Un debate vinculado a la pobreza energética es el del bono social, un descuento en la tarifa eléctrica, que Endesa ha llamado a replantear. El actual modelo beneficia de forma indiscriminada a distintos colectivos:todos los que contraten una potencia inferior a 3 kW (aunque tengan un estudio de lujo);todas las familias numerosas (aunque sean millonarias);los que cobran la pensión mínima o familias con todos sus miembros en paro. Sin discutir la cobertura a estos dos últimos colectivos, la eléctrica considera que se benefician del bono social medio millón de hogares con rentas altas. Lo que propone es vincular el bono a la renta, crear un fondo que se haga cargo al 100% del suministro a los verdaderos necesitados (identificados por los servicios sociales de los ayuntamientos), y una tercera iniciativa para mejorar la eficiencia energética de las viviendas. Además, la compañía pide que se ponga orden en las competencias sobre este asunto entre las distintas Administraciones.

La de Endesa es una propuesta interesante para un debate necesario, aunque en términos políticos resultaría delicado para cualquier Gobierno revisar los beneficios para pensionistas o familias numerosas. Otro elemento para el debate:en los colectivos que hoy pueden acogerse al bono social no figuran personas efectivamente pobres, como serían familias no numerosas que dependen de empleos precarios y mal pagados. Tiene sentido estudiar cómo vincular esta ayuda a la situación real. Otro asunto es cómo se reparten los costes de estos mecanismos de solidaridad entre los consumidores, las compañías y la Administración:entre los tres parece más que asumible.