Transformación de la banca europea

El repliegue de los bancos a sus países reduce la competencia

El sector financiero español tiene aún margen de ajuste pese a haber sellado la mitad del cierre de oficinas de toda la UE

La presión para seguir reduciendo entidades es mayor sobre Alemania o Italia.

Sede central del Banco Central Europeo (BCE), en Fráncfort.
Sede central del Banco Central Europeo (BCE), en Fráncfort.

En la eurozona las cinco mayores entidades financieras controlan el 50% de la cuota de mercado. Es un alto nivel de concentración. No es Grecia, donde el porcentaje es el 90%, pero es alto y, a priori, más concentración lo asociamos a menos competencia”, exponía ayer el catedrático de Economía Aplicada Antonio Garrido, autor del informe “La banca en la eurozona: un sector en proceso de transformación”.

El documento, del Grupo de Opinión y Reflexión en Economía Política EuropeG, presentado ayer en un acto de la APIE, analiza cómo la crisis financiera ha reducido el número de entidades y su presencia en mercados vecinos, “provocando una mayor concentración en la banca de la eurozona, como en Alemania, Italia y por supuesto, en España”.

El reto de recuperar la reputación de las entidades y la confianza en los supervisores

El “ingente volumen de recursos públicos” destinado a rescatar a la banca; las pérdidas sufridas por ahorradores por la “mala comercialización” de productos financieros y “los excesos cometidos por algunos altos cargos han erosionado de forma notable la imagen reputacional de la banca”, recoge el informe de EuropeG, que asume que “recuperar la confianza de la sociedad” llevará tiempo. “El sector acepta la carga regulatoria que le viene porque sabe que su reputación es muy mala, sabe que no está en posición de resistirse”, añade el autor del documento, el catedrático Antonio Garrido. Sin embargo, la pérdida de confianza, advierte, afecta también a los órganos supervisores encargados de vigilar a la banca. En este sentido, Garrido pide un esfuerzo para casar los objetivos de las autoridades, centradas en reclamar más solvencia al sector, con la de los clientes, que reivindican una mayor protección al consumidor.

“En 2007, los bancos europeos presentaban de hecho un grado de internacionalización más elevado que sus homónimos estadounidenses y japoneses”, rememora el informe, exponiendo que con el estallido de la recesión las entidades han iniciado un repliegue estratégico a sus mercados de origen en el que “los grandes grupos bancarios europeos han reducido también su presencia física en el exterior vendiendo activos o cerrando sus redes operativas” o saliendo de los segmentos de negocio secundarios.

Esta “vuelta a casa de los grandes bancos europeos”, aduce el informe, “ha acentuado uno de los rasgos que presentan los principales sistemas bancarios de la eurozona, esto es, la posición hegemónica que ostentan en ellos las entidades nacionales”. Así, detalla Garrido, en países como España la banca local controla el 90% de la cuota de mercado, lo que supone una nueva vuelta de tuerca a la concentración financiera.

“El elevado tamaño que los bancos alcanzan en Europa unido al creciente grado de concentración de la industria bancaria es muy perjudicial, en la medida que genera un mayor nivel de riesgo sistémico y un menor ritmo de crecimiento económico”, advierte el informe, haciéndose eco de la opinión de algunos expertos económicos.

En este sentido, y teniendo en cuenta la “ineficiente asignación del crédito” por parte de las entidades durante los años de bonanza y su fuerte e inmediata reducción al estallar la crisis, “reducir los subsidios –implícitos o explícitos– de que gozan los grandes bancos (exigiéndoles mayores niveles de capital u obligándoles a separar sus actividades) son algunas de las medidas que sería necesario tomar” para mejorar la financiación a la economía real.

Garrido asume que algunos de estos avances en el campo legislativo ya se han conseguido, pues hemos pasado de la desregulación total previa a la crisis a un tsunami regulatorio actual, pero también es cierto que el ajuste del sector –y su consecuente concentración– no parece haber culminado.

“Entre 2008 y 2014 se han cerrado en la eurozona 29.000 sucursales y eliminado más de 200.000 empleos. La mitad del ajuste en términos de oficinas (y un tercio del que ha tenido lugar en el empleo) lo explica España”, subraya el informe, que apunta como principales motivos del adelgazamiento a la concentración del sector, las limitaciones impuestas a las entidades rescatadas, el debilitamiento de la economía y la “pérdida de importancia de la sucursal como canal de relación con la clientela”.

“Pese a todo lo anterior, el tamaño del sistema bancario de la eurozona sigue siendo muy elevado”, prosigue el informe, y su autor asegura que España, que “sigue siendo, junto con Chipre, el país que cuenta con más sucursales en relación con su población”, aún tiene recorrido a la hora de ajustar su modelo bancario.

Aunque esta parece ser la opinión compartida por el sector financiero y de las propias autoridades supervisoras, Garrido asegura que la presión para un proceso de consolidación es mucho mayor sobre la banca alemana o italiana que en la española, donde la gran asignatura pendiente sería la reducción de su pesada carga de activos improductivos.

Límite a la deuda pública, el peaje alemán al Fondo de Garantía de Depósitos europeo

Durante años, la compra de deuda pública, que proporcionaba un “margen prácticamente automático y garantizado”, fue una alternativa al crédito en los decrecientes balances de la banca europea, señala el informe sobre la transformación del sector financiero europeo. Alemania, apoyada por la presidencia rotatoria de la UE que detenta Holanda, propone ahora limitar el volumen de deuda pública nacional que puede tener la banca en sus balances. La premisa, explica el catedrático de Economía Aplicada de la Universitat de Barcelona Antonio Garrido, es un planteamiento maximalista que los germanos han planteado como condición a seguir negociando la creación de un Fondo de Garantía de Depósitos europeo cuya mutualización ha tachado de “inaceptable”. Aunque supondría un varapalo para países y entidades, Garrido asegura que en la modalidad que se pacte será un peaje necesario en pos de una unión bancaria real.