Editorial

Sindicatos para la recuperación

La larga travesía de la crisis ha dejado muchas víctimas en el camino. Si se suman, el agregado común resultante se manifiesta sobre todo en menos empleo. Ahí es donde se concentra el mal a combatir en un país que, siendo una de las grandes economías de Occidente, tiene el doloroso récord de haber superado un lustro con más del 20% de la población activa en paro y, lo que es más alarmante de cara al futuro, con una tasa de desempleo juvenil por encima del 50%. Es este un escenario frente al que no caben paños calientes, y ante el que todos los agentes tienen un serio compromiso que asumir, con las empresas y los sindicatos a la cabeza.
Ayer, Primero de Mayo, sirvió para constatar una vez más el debilitamiento de la fuerza sindical en términos de movilización callejera y, algo más significativo, de representatividad. Nada obliga a que el impulso de la representación de los trabajadores tenga que seguir amarrado a estrategias del siglo XIX. La naturaleza del sindicalismo debe avanzar con el signo de los tiempos y su razón de ser en defensa –recuperación, en muchos casos– de los derechos laborales solo será útil a la sociedad si suma fuerzas en vez de restarlas. La reconversión del sindicalismo está pendiente. También en términos de autofinanciación y transparencia.