Editorial

En empleo falta más de lo que se ha hecho

Hasta los políticos saben ya que mantener el ritmo de creación de empleo es el primero de sus objetivos, aunque el comportamiento de muchos de ellos obligue a la opinión pública a ponerlo en duda. Las últimas estimaciones del Banco de España, conocidas esta semana, apuntan a cierta ralentización en la inversión empresarial y también, aunque de menor calibre, en el consumo de los hogares; pero tales síntomas no se han trasladado, al menos de momento, al desempeño del empleo, a juzgar por el comportamiento que revela la Encuesta de Población Activa. El número de ocupados ha descendido en los tres primeros meses, como es tradicional incluso en ciclos alcistas de la actividad, y el paro encadena ya doce trimestres completos (tres años) de descenso ininterrumpido en términos desestacionalizados. De hecho, la ocupación retiene un vigoroso avance del 3,29% (coherente con el tirón que todavía este trimestre habría tenido el PIB), con un equilibrado reparto entre la actividad privada (3,54%) y la pública (2,06%) en el último año, y con una significativa mejora en las variables que determinan la calidad: contratos fijos y a tiempo completo.
La clave está en mantener este ritmo de avance, lo que exige necesariamente que la actividad sigue creciendo al 3% interanual (el Gobierno ha rebajado la previsión al 2,7%), para lo que, además de aprovechar los vientos de popa que puedan aportar las circunstancias externas (precio del petróleo, tipo de cambio, crecimiento en Europa y récord turístico), se debe mantener el itinerario que está marcado en el programa nacional de reformas, y que está, como la consolidación fiscal, comprometido con la Unión Europea. Para ello, es condición previa que haya Gobierno de jure, y que se construya en torno a los valores de la políticas económica que en los últimos años ha dado la vuelta a la economía española. O que, al menos, respete cuantas reformas la han estabilizado primero y reactivado después.
El avance del empleo en los dos últimos años ha sido muy satisfactorio. Pero el trecho que falta para disponer de una tasa de paro europea es muy grande. Está en el 21%, cuando la media comunitaria es la mitad, y en términos absolutos, España tiene 4,791 millones de parados, una cifra sonrojante, y muy alejada de los dos millones en los que estaba cuando arrancó la crisis en 2008. Para lograrlo, además de las políticas económicas rigurosas y liberalizadoras aplicadas en los últimos años, se precisa de actuaciones convincentes para hacer girar el modelo productivo hacia las actividades industriales que puedan explorar mercados ajenos al español, y mejorar la calidad de las castizas, tales como la construcción o el turismo. El mejor ejemplo es el empleo en la industria, que mantiene su firmeza porque la industria gana posiciones y competitividad en el mercado exterior; ese es un camino nunca del todo explorado.