Editorial

Petróleo, oportunidad para el largo plazo

Hay tantos modelos de inversión como inversores; pero los parámetros tradicionales tienden a simplificarlos en los dos extremos que ejemplifican el vértigo del cortísimo plazo y la paciencia y maduración del largo. Cuando el activo objeto de la apuesta en tan complicado como el petróleo u otras materias primas, ambos modelos son válidos, pero no son los dos aptos para todos los públicos. Tratar de obtener rentabilidades apreciables en el cortísimo plazo con una inversión en petróleo o en cualquier otra materia prima que tenga ligada su cotización al crudo es una labor muy complicada que solo está en manos de apostadores muy expertos que manejan decenas de variables y pueden operar en diferentes mercados con la misma rapidez con la que viajan las órdenes en un mercado electrónico. Abstenerse, por tanto, los simples mortales que pretenden mantener siempre el capital apostado. Únicamente la paciencia del largo plazo puede proporcionar retornos significativos en el mercado del crudo, dado que se trata de un activo con ciclos de comportamiento muy largos y muy ligados a la actividad económica industrial. Además, ahora, tras descensos históricamente tan pronunciados en los precios de todas las materias primas, la inversión en este tipo de activos se ha convertido en una oportunidad histórica si se tiene la suficiente templanza y tiempo por delante para recoger la cosecha.

Ningún operador del mercado del crudo, ni siquiera esos que se mueven con la velocidad de las órdenes electrónicas, apuesta por un repunte consistente del precio del petróleo en los próximos trimestres, y ni siquiera la Agencia Internacional de la Energía ve probable recuperar niveles de los 70 u 80 dólares por barril, que supondría duplicar la cotización actual, hasta el año 2020. De hecho, por ver está que pueda volver a tales niveles si la energía alternativa sigue ganando terreno con eficiencias crecientes o si los niveles de producción de petróleo no se recortan de forma muy considerable.

Las víctimas principales del desplome de los precios del crudo en los dos últimos años han sido empresas que hasta entonces eran magníficas oportunidades de inversión porque cada barril de crudo se podía vender por encima de cien dólares. Y ahí estará de nuevo la oportunidad de ganar dinero a medida que el fenómeno se reproduzca, aunque para ello habrá que digerir primero los excesos de los últimos años. Las petroleras siguen teniendo un potencial muy elevado de revalorización, sobre todo las que tienen contabilizadas reservas billonarias, a medida que el precio vuelva a subir; y con ellas las empresas de ingeniería destinadas al montaje de la exploración y refino, así como las destinadas tanto a la logística como al transporte a través de instalaciones fijas.
Pero el mejor aliado de tales compañías, más allá del ajuste que debe producirse en los niveles de producción, es la recuperación de la economía mundial, sobre todo en las primeras economías emergentes, que han funcionado de motrices del crecimiento y la actividad industrial en las últimas décadas. La gran duda del crecimiento mundial sigue estando en China, en la veracidad de sus números y previsiones; y una vez despejada, tendrán los agentes económicos una idea fiel de cómo reaccionar.

Unificar el criterio de los productores de crudo para estabilizar producción y precio se presenta complicado por la incapacidad de los distintos países para hacerlo de forma consensuada, dado que se trata de economías con urgencias excesivas, como Irán, Venezuela, Rusia o la propia Arabia Saudí. Pero una vez estabilizadas ambas variables, reaparecerá el valor oculto de los activos petroleros y del resto de materias primas, de las que también hay exceso de oferta y excesivamente castigadas tanto por China como por la estela del crudo. En todo caso, las valoraciones son atractivas ahora y las plusvalías tardarán en aparecer, pues se trata de inversiones con un periodo de maduración muy largo. Las apuestas deben hacerse siempre en divisas de referencia, pero si la inversión se centrase en empresas de países emergentes, debe vigilarse estrechamente la cotización de cada divisa, pues los países suelen utilizarla como estabilizador de su competitividad, ya que los emergentes, por naturaleza, suelen acompañar el crecimiento de procesos inflacionistas continuados.