Editorial

El automóvil y la cuenta pendiente

La confesión por la multinacional japonesa Mitsubishi Motors de que realizó “de forma incorrecta y diferente a como le exige la ley” los test de emisiones contaminantes de varios modelos de vehículos para obtener “mejores resultados en sus consumos de combustible” supone la doble erupción de un volcán en el sector mundial del automóvil. El reconocimiento del trucaje de más de 600.000 vehículos, fabricados tanto para la propia Mitsubishi como para Nissan –el socio de Renault– multiplica la trascendencia del caso Volkswagen. El líder europeo del sector, primero en reconocer que falseaba los test de contaminación de sus motores, afronta hoy mismo ante las autoridades estadounidenses su compromiso para dar una solución a la reconocida trampa contaminante en aquel país, el más combativo frente a su fiasco, entre otras cosas, para defender la caduca industria de Detroit. El duro castigo con que la Bolsa de Tokio recibió la confesión de Mitsubishi, así como la reacción a la solución relativa en el caso de Volkswagen, son solo anécdotas frente a la cuenta pendiente que este caso puede representar para la industria. Unas cuantas dimisiones o la clásica escenificación del perdón a la japonesa no van a bastar para difuminar una mancha que se agiganta cuando el sector está abierto a nuevas vías de futuro en las que el respeto medioambiental es precisamente una de las claves.