Tribuna

Realidad y ficción en los mercados financieros

La Bolsa de Shanghái ha perdido un 40% en menos de un año, el petróleo cotiza un 60% por debajo de su precio medio de 2010 a 2014 y la deuda a dos años de Alemania ofrece una rentabilidad negativa del -0,5%. Estas referencias parecerían, hace no demasiado tiempo, sacadas de una obra de ficción y hoy pueden revelar que la coyuntura económica mundial es angustiosa. ¿Es así? ¿O los activos financieros se están desligando del comportamiento de la actividad real?
En el caso de China, es cierto que el segundo PIB del mundo se desacelera, que las estadísticas oficiales no gozan de la mejor de las consideraciones en lo que respecta a su credibilidad y que existe un temor fundado hacia las dificultades de gestionar un cambio de modelo productivo cuando se han generado notables desequilibrios. Sin embargo, nada de esto es nuevo. La desaceleración ya se había iniciado en 2014 y la Bolsa de Shanghái subió un 150% de junio de ese año a junio de 2015, antes de desplomarse un -43% en dos meses y de subir un 23% en un periodo similar.
Esto ocurrió gracias a una nueva regulación restrictiva para las ventas que se intentó eliminar a comienzos de 2016 con los resultados conocidos (una caída del -23% en un mes). Con estos datos sobre la mesa, no parece que la ciclotímica Bolsa china sea el indicador más fiable sobre el verdadero estado de salud del gigante asiático.
El abaratamiento del petróleo responde a un crecimiento de la demanda inferior a lo previsto (por la propia desaceleración de China y por la de los países emergentes a los que está arrastrando) y al fuerte aumento de la oferta en los últimos años, impulsada en buena medida por las nuevas técnicas de extracción y refinamiento que han devuelto a Estados Unidos el papel protagonista que perdió hace décadas en el sector. En cualquier caso, resultaría aventurado definir qué parte de la caída del precio del crudo responde a estas condiciones constatables de la oferta y la demanda y qué parte a una sobrerreacción de los inversores en un mercado especialmente propicio a los excesos, como ya vimos en 2008, cuando el barril pasó de 145 dólares a 35 en menos de seis meses.
En los bajos tipos de interés ejerce un papel protagonista el escaso aumento de los precios, en el cual influyen a su vez tanto el abaratamiento del crudo como el deterioro del ciclo en China (se teme que exporte deflación).
No obstante, tales niveles de tipos no se podrían explicar sin la actuación de la mayoría de los bancos centrales al mantener unas políticas monetarias extraordinariamente expansivas ni sin la propia aversión al riesgo inherente al entorno actual, que aboca a la compra de activos considerados refugio, entre los que figura la deuda pública de países como Estados Unidos o Alemania.
De nuevo, hay una base fundamental, pero cabe preguntarse si tiene sentido a medio plazo esa deuda alemana a dos años al -0,5%, el euríbor a 12 meses prácticamente al 0% o el bono a diez años de Estados Unidos al 1,8% cuando el IPC subyacente crece allí al 2,2% y la Fed ya ha comenzado a subir los tipos.
Los mercados financieros actúan en muchas ocasiones como indicador adelantado de la economía real, pero distan de ser infalibles. A veces se dejan llevar precipitadamente por el pánico o la euforia hasta valoraciones difíciles de comprender.
Los malpensados dirán que por afán especulativo, y puede que no les falte parte de razón, no hay que olvidar el aforismo que sostiene que no hay nada tan miedoso como un millón de dólares (salvo dos millones de dólares) y que estos comportamientos extremos a la baja suelen responder a un grito de sálvese quien pueda seguido de la huida de un rebaño de inversores atemorizados.
Por eso, en un contexto de alta volatilidad e incertidumbre como el presente, es clave calibrar la realidad económica y tratar de discernir cuánto hay de esa realidad y cuánto de ficción debajo de tanto histrionismo. Cuando se han sobredimensionado la mayoría de los temores, aparecen las oportunidades de compra.

Santiago Martínez Morando, Servicio de Estudios y Análisis Económico-Financiero de Ibercaja