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Los perdedores de la votación holandesa

Muchas veces se habla de los referendos como la forma más elevada de la democracia. Sin embargo, la votación holandesa que acaba de rechazar unas políticas y relaciones económicas más estrechas entre la Unión Europea y Ucrania muestra que los plebiscitos tienen sus inconvenientes.

En primer lugar, pueden ser víctimas de la apatía de los votantes. Solo el 32% se molestó en votar en los Países Bajos el 6 de abril, ligeramente por encima del mínimo de participación del 30% requerido para que el voto sea válido. Cuando la participación es baja, los resultados del referéndum se encuentran en las manos de aquellos que tienen puntos de vista incisivos y para quienes tiende a resultar más fácil movilizar a los acérrimos. Esto puede conducir a resultados distorsionados, que tergiversan las preferencias reales.

Este tipo de plebiscitos suelen ser demasiado a menudo rehenes del descontento sobre otras cuestiones

El segundo problema es que este tipo de plebiscitos suelen ser demasiado a menudo rehenes del descontento sobre otras cuestiones. El rechazo del acuerdo entre la UE y Ucrania por un margen de casi dos a uno probablemente tenía poco que ver con los reparos sobre los detalles del acuerdo, que se extiende en más de 2.000 páginas impresas.

Esto puede puede mostrar exasperación con la élite política gobernante –que por lo general respalda la posición de la UE en los referendos–, una sensación vaga de que los burócratas sin rostro de la Comisión Europea son los culpables de los males domésticos, la miseria sobre las perspectivas económicas, o una mezcla de los tres.

Por supuesto, las consecuencias económicas de esta última votación serán pequeñas. Ucrania es el 290 socio comercial de la UE, solo un 0,8% de las exportaciones del bloque se venden allí. Pero las lecciones del referéndum holandés también son válidas para el británico del 23 de junio sobre la permanencia de Reino Unido en la UE, donde hay más en juego. Los votantes más jóvenes tienen una mayor preferencia por quedarse que sus mayores, pero es menos probable que voten.

Es una pena. Los referendos son una oportunidad para que el público tenga más voz en cómo se gobierna su país. Sin embargo, algunas preguntas pueden ser demasiado complejas para un simple sí o no. Lo peor, es que los votantes pueden llegar a responder a una pregunta diferente a la planteada.