Tribuna

¡A euro, oiga, la ingeniería a euro!

La ingeniería tiene en su esencia buscar las mejores soluciones para la sociedad y sus individuos. Si queremos, por ejemplo, conectar territorios y personas, los ingenieros analizan, proyectan y diseñan la mejor alternativa para hacerlo realidad de la forma más eficiente posible.
Sin embargo, en España la tendencia a pensar que la ingeniería puede hacerla cualquiera y que los proyectos se pueden hacer por un 60% menos de dinero de lo inicialmente estipulado, tal y como propugnan entidades públicas como Adif, provoca que a los españoles no se les ofrezcan las mejores soluciones a sus necesidades, sino las menos estudiadas. Y el problema es que algunos están absolutamente convencidos del (supuesto) beneficio que procuran.
Desde la Administración se maneja la idea absurda de que el precio es lo único cuantificable, que la calidad técnica es subjetiva y que lo mejor que se puede ofrecer a los contribuyentes es una infraestructura construida bajo los cimientos del low cost, del ¡a euro, oiga, a euro! La ingeniería de mercadillo es lo mejor y lo contrario parece ser pernicioso para el país. Qué equivocados entonces están mercados tan avanzados como Estados Unidos o Alemania, donde las ofertas que concurren a las licitaciones de servicios de ingeniería valoran la calidad técnica en un 100% (el precio es fijado por la Administración y no es modificable), o en la Comisión Europea, donde el precio supone solo el 20% de la decisión, alejadísimo del 75% que aplica Adif. Me pregunto cómo resolveremos el dilema si al próximo Ejecutivo se le ocurre transponer fielmente la nueva directiva europea de contratación pública, en la que se reconoce el carácter intelectual de los trabajos de ingeniería, anteponiendo de este modo los criterios de calidad y experiencia al precio.
Desde Fidex tenemos claro que con las gangas la inmensa alegría inicial es proporcional a la enorme decepción final. Adif se ahorra muchos euros adjudicando la ingeniería a la oferta más barata, por debajo del 40% del precio que la propia entidad ha fijado previamente. El contribuyente, no obstante, dejará de dar saltos de alegría cuando la obra (que tiene un coste entre 30 y 50 veces mayor que el proyecto) empiece a dar problemas porque el proyecto no está suficientemente bien definido y detallado y aparezcan los temidos modificados de obra, tanto en dinero como en tiempo.
Adif arguye que piensa en el contribuyente, pero olvida las enormes diferencias que hay entre los servicios de ingeniería (con un contenido netamente intelectual) y la ejecución de las obras. El contribuyente, lo que se merece es que su dinero se gaste bien, en inversiones eficientes y duraderas y no en gangas que se deterioran a los pocos meses. Y lo peor de todo es pensar que en España hubo un tiempo en que no se pensaba así, una época en la que Adif otorgaba un peso del 50%-70% a la calidad. Ahora los tiempos han cambiado: hay que proyectar barato y rápido, para poder empezar pronto la construcción de la obra y lograr que el corte de cinta se produzca antes de las siguientes elecciones.
En España vamos a contracorriente de los países más avanzados y de la propia Comisión Europea, y los hay que se vanaglorian de ello y enarbolan la bandera de la transparencia, porque el precio es lo único objetivo. Consideran, entonces, que organismos tan prestigiosos como el Banco Mundial o el Banco Europeo de Inversiones no son suficientemente transparentes, puesto que valoran la experiencia o el equipo humano incluido en las ofertas con baremos que ellos creen tan objetivos como el propio precio. Pobres inocentes…
Todo esto me recuerda al adolescente que dice que el mundo está en su contra y nadie lo entiende, que todo el mundo se equivoca y él tiene la razón. ¿Que en Estados Unidos o Alemania se adjudican los proyectos sin tener en cuenta el precio y otorgando 100 puntos a los criterios técnicos? Será porque no piensan en el contribuyente. Qué más da que sean la primera potencia mundial o europea. En España parece que sabemos lo que hacemos. Parece.
El Foro para la Ingeniería de Excelencia (Fidex) agrupa a diez de las principales y más internacionalizadas ingenierías de España, que emplean a más de 14.000 profesionales y facturan en conjunto más de 3.000 millones de euros al año.

Fernando Argüello es director general de FIDEX