Virginia Arce, socia de tecnologías, telecomunicaciones y medios de PwC

“La cultura debe buscar ofertas más competitivas y atractivas”

Arce opina que la implantación de la realidad virtual es todavía embrionaria

“La cultura debe buscar ofertas más competitivas y atractivas”

Virginia Arce (Madrid, 1966) comenzó su carrera en PwC en la división de auditoría. Más tarde, pasó al departamento de capital humano. Actualmente, es socia responsable de tecnología, telecomunicaciones y medios, y responsable a nivel mundial de la división de auditoría para este mismo sector. Casada y con tres hijos, es poco frecuente ver a una mujer en un puesto como el suyo.

¿Por qué cree que hay tan pocas mujeres socias en grandes compañías?

Primero, porque nos hemos incorporado al mercado laboral más tarde que los hombres, y también porque necesitamos un entorno que nos haga pensar que podemos competir de verdad en igualdad de condiciones. Hemos mejorado muchísimo. En los mandos intermedios hay muchas mujeres en las empresas, pero debemos mejorar en los puestos más altos. La regulación también puede ayudar. No soy partidaria de hacerlo de esa manera, pero sí permite mejorar los porcentajes y abonar el terreno. Hacen falta medidas de conciliación en las empresas.

¿Cómo lo logró usted?

Lo primero es la convicción de querer llegar arriba. Sin eso, lo demás no sirve. En segundo lugar, en mi caso tuve un entorno en el que todos los jefes con los que trabajé me apoyaron, favoreciendo el trabajo flexible. Trabajar por objetivos debería ser la base del sistema. El tercer elemento fue la conciliación familiar: fue fácil organizarme con mi marido.

¿Cuáles son los retos a los que se enfrenta la industria del entretenimiento en España?

El principal es la transformación que están sufriendo todos los subsectores por la digitalización y la creciente presencia de la tecnología en todas las esferas de la vida. Digitalización, movilidad y tecnología son ya los pilares para capitalizar los ingresos de los nuevos modelos de negocio que han llegado o lo harán pronto.

¿Lo que conocemos del cine, la literatura o el teatro tendrá algo que ver con lo que disfrutarán los niños de hoy cuando sean mayores?

El modo de consumo cambiará, pero no van a desaparecer las formas tradicionales de entretenimiento: seguiremos viendo musicales y yendo al cine, pero menos. Toda la tecnología alrededor de las televisiones disparará el consumo en el hogar. La cuestión para los negocios tradicionales es encontrar de dónde van a sacar los ingresos. Pasará lo mismo con el cine o la prensa.

Hace tiempo que se dice que internet y los contenidos bajo demanda hundirán la televisión, pero hasta el momento no ha sido así.

Mi impresión personal es que no va a morir. Los ingresos publicitarios de las televisiones son altísimos. Las cadenas, además, están apostando muchísimo por todos los sistemas de streaming y smart TV. Lo que pasa es que a lo mejor el mix de ingresos cambiará y tendrán que convivir con nuevos actores como Netflix.

Pero los jóvenes ya están acostumbrados a ver lo que quieren donde y cuando quieren.

Sí, lo veo en mis hijos. Consumen mucha televisión en el ordenador o en la tableta. Pero sigue siendo televisión. Las cadenas deberán adaptar sus modelos de negocio para monetizar estos nuevos canales.

“La cultura debe buscar ofertas más competitivas y atractivas”

Uno de los grandes segmentos de crecimiento ha sido el de los videojuegos. ¿Siguen esa tendencia?

La industria de los videojuegos ha crecido durante varios años a dos dígitos, aunque este último lo ha hecho a uno. Seguirá al alza sin duda por el tipo de consumo que hacen de ellos los jóvenes y no tan jóvenes: los juegos en comunidad son una forma de socializar a través de las redes. Este negocio llegará hasta los niños más pequeños.

¿Están funcionando los micropagos?

En España, los pequeños pagos a través de internet siguen siendo residuales. A nivel mundial ha habido algunos videojuegos que han amasado mucho dinero de ese modo, pero todavía no está generalizado. Las formas de capturar ingresos se ampliarán. La tendencia, aquí también, será perder ingresos tradicionales y ganar otras fuentes nuevas.

Si los videojuegos logran asentar la cultura del micropago, ¿esa tendencia podría saltar a otros negocios?

En la prensa ya se ha usado. The New York Times tiene un modelo de muro en el que hay que pagar a partir de ciertas visualizaciones. Pero en el caso de la prensa digital no creo que la solución de futuro sea de pago. Pocos o casi ninguno son todavía los que pueden decir que viven de un modelo de muros de pago.

¿Qué opina de la realidad virtual? ¿Está llamada a ser la nueva gran tecnología?

Es tan embrionaria ahora mismo que no nos atrevemos a dar cifras. Se dice que tendrá un recorrido seguro, pero de momento no podemos medir su rendimiento. Cuando llegó la tecnología 3D también se suponía que iba a arrasar, tanto en el cine como en la televisión. Hubo algunos estrenos buenos, se regalaban gafas digitales con las televisiones, pero se ha desinflado. La conectividad de todo, el famoso internet of things, sí es una realidad. La cuestión es quién paga la fiesta y cómo lo monetizamos.

¿Qué hay de los libros en papel? ¿Sobrevivirán muchos años?

La industria de libros de consumo es uno de los sectores que seguirá cayendo durante los próximos cinco años. Si hablamos de los best sellers, no está solucionado su salto al formato digital, en tanto que la piratería es demasiado importante como para apostar por este modelo. En EE UU, en cambio, sí ha despegado. En cuanto a los educativos, ahora mismo se está hablando de retrasar su implantación a edades más maduras, ya que se cree que hasta los 12 años funciona mejor el papel.

¿Qué le falta a España para que despegue su industria cultural?

Cuando hablo con los diferentes actores de este sector hay muchos que demandan apoyos, subvenciones. Creo que esa no es la solución: hay que buscar ofertas competitivas y que atraigan a los consumidores. Dicho esto, estamos por debajo de los países de nuestro entorno en medidas fiscales. Tenemos creatividad, pero habría que impulsarla con deducciones.