Breakingviews

La jalea real de Google

Google acaba de conceder a su consejero delegado, Sundar Pichai, otros 200 millones de dólares (unos 175 millones de euros) en un paquete accionarial que se suman a los 100 millones que recibió el año pasado. Él no contribuyó a crear la empresa y el negocio principal de Google es un monopolio bien engrasado. La descabellada compensación es una nueva prueba de las tendencias imperialistas en los relevos cuando los fundadores quedan aislados por sus estructuras accionariales.

Es casi imposible justificar las cantidades –que no se basan en ningún objetivo de rendimiento obvio– entragadas a Pichai con el beneplácito de los creadores de Alphabet, Larry Page y Sergey Brin. A pesar de las ambiciones a largo plazo de la compañía, Google por ahora es responsable de casi todas las ventas de Alphabet y sus 16.000 millones de beneficios el año pasado.

No hay razón para sospechar que cualquier otra empresa de internet esté a punto de arrebatarle su mercado. Google controla al menos dos tercios del mercado en los países más desarrollados y no hay una gran reestructuración o cambios estratégicos importantes que llevar a cabo. El jefe de Microsoft, Satya Nadella, que tiene la difícil tarea de tratar de rehacer la compañía, recibió 18 millones de dólares el año pasado y 84 millones en 2014, cuando asumió el puesto.

El dominio normalmente trae grandes recompensas. Es fácil hacerse con la renta de los clientes. En Silicon Valley se sigue especialmente el mito de que los mejores y los más brillantes merecen una riqueza sobrehumana. Una dependencia de las súper acciones con derecho a voto que mantiene a los inversores externos a raya ayuda a despejar el camino hacia ese sueño.

Page y Brin no responden ante nadie, tienen un control completo sobre la empresa gracias a los tres tipos de acciones de Alphabet, y su propiedad de acciones con derecho a súper voto. Ambos solo reciben un dólar al año, pero están entre los más ricos del planeta gracias a sus participaciones en Alphabet. La dilución de conceder gigantescos paquetes de acciones no tiene sentido para ellos. Y no hay prácticamente nada que otros inversores puedan hacer al respecto.