En el consejo suspendido por su muerte se iba a analizar la oferta de Henkell

La muerte de Carmen Ferrer Sala aplaza el futuro de Freixenet

El grupo Henkell quiere hacerse con la participación de control de la empresa catalana

Las ramas familiares de Freixenet Ampliar foto

Freixenet está en un momento de turbulencia por su control. La caída de rentabilidad en los últimos años ha roto el consenso en la gestión y el futuro de la empresa que mantenían las tres ramas de la familia que se reparten su propiedad. La firma ha visto caer sus ventas un 5,5% hasta los 501 millones. Los bajada de facturación ha afectado también a la rentabilidad. En 2015, sólo ganó 2,2 millones (antes de la crisis superaba los 30 millones), lo que ha obligado a aumentar la deuda y suprimir el reparto de dividendos.

La propiedad del gigante del cava está actualmente en manos de tres ramas de la familia: los Ferrer, que llevan la gestión diaria de la compañía y a la que pertenece el consejero delegado, Pedro Ferrer (hijo del presidente de honor, Josep Ferrer), tienen el 42% de las acciones. Los Bonet, abanderados por José Luis Bonet, presidente del grupo, tienen otro 29%. Y los Hevia Ferrer, liderados por Enrique Hevia, director financiero, otro 29%. Estas dos últimas ramas familiares están dispuestas a vender su participación si no se producen cambios significativos en la gestión. Se quejan de la estrategia seguida en los últimos años de bajar precios para entrar en nuevos mercados, lo que, en su opinión, ha dejado de lado el valor del producto. Quieren un cambio en la gestión o vender sus acciones.

Los Ferrer pueden hacer valer, sin embargo, la sindicación de las acciones y su derecho de tanteo ante cualquier propuesta de compra para igualar la oferta. El problema sería encontrar el apoyo financiero para afrontar esta operación ya que, según fuentes financieras, el valor de Freixenet rondaría entre los 550 y 600 millones (aunque lejos de los 900 millones que llegaron a ofrecer distintas firmas antes de la crisis). De esta forma, los Ferrer, que han descartado su salida de la empresa, tendrían que competir con otros grupos del sector de bebidas que han mostrado interés por hacerse con el paquete de control (el 58% de las familias Bonet y Hevia) y que pueden rentabilizar una compra con sinergias operativas o en la red de distribución.

Una oferta a la baja

La empresa aplazó ayer el consejo de administración en el que se iba a estudiar la oferta de compra presentada por el grupo alemán Henkell & Co por la muerte de Carmen Ferrer Sala, la matriarca de los Hevia. Los alemanes condicionan la operación a adquirir más del 50% de las acciones y, por tanto, obtener el control del grupo. Esta es, precisamente, una de las claves para la futura propiedad.

Ese condicionante hace que a los Ferrer les baste para frenar el intento de venta con convencer solo a dos de los cuatro hermanos Bonet, que ostentan cada uno el 7,25% de la compañía. Los Bonet están lejos de tener una estrategia unitaria tras la muerte de la madre, Pilar Ferrer Sala, el pasado mes de enero. José Luis Bonet prefiere seguir en la empresa y mantener su participación. Su hermana Pilar, parece la más cercana a vender sus acciones a la familia Ferrer, pero con sus títulos estos solo conseguirían el 49% y deberían contar con la neutralidad de José Luis Bonet. Si nada cambia, Enrique Hevia, actual director financiero, que lidera la posición favorable a la venta, solo tendrían la aquiescencia del 43,5% de la compañía (el 29%de los Hevia y la participación de los hermanos Pedro y Eudald Bonet) por lo que el grupo alemán no podría hacerse con el control de Freixenet.

Lo que parece claro es que la gestión de Pedro Ferrer, consejero delegado, tiene los días contados. Aunque la familia siga manteniendo la propiedad con el apoyo de parte de los Bonet, estos están interesados en abrir un nuevo tiempo en el futuro a largo plazo. Se habla de José María Ferrer, que actualmente es consejero delegado de Wingara Wine Group, en Australia, para tomar las riendas de la compañía en sustitución de su hermano mayor. Los Ferrer mantendría el control de Freixenet pero se apostaría con ese movimiento por un giro más moderno y ágil en el día a día de la empresa.

La segunda generación desaparece

DOLORES FERRER

La muerte de Dolores Ferrer Sala a finales de 2013 rompió los equilibrios accionariales del gigante del cava. José Ferrer, en su calidad de primogénito, había recibido de sus padres más acciones del grupo, un 35%. El 65% restante se repartió entre sus tres hermanas, con un 21,6% cada una. La estabilidad la aportaba Dolores, que apoyaba a su hermano en la gestión diaria de la empresa (juntos controlaban el 56% de la propiedad). La desaparición de la tía Lola, como se la llamaba cariñosamente, sin testamento y sin discendencia, modificó los equilibrios entre las otras tres ramas de la familia.

PILAR FERRER

Pilar Ferrer Sala, que falleció en enero de este año a los 98 años, fue una figura clave para Freixenet. Con su esfuerzo y trabajo hizo que la compañía sobreviviera a la guerra civil y la post guerra, cuando José Ferrer, su hermano era todavía un niño. Era la persona aglutinadora de la participación de los Bonet Ferrer. La cohesión del paquete que controlan (el 29%) se ha puesto en cuestión con sus desaparición. Entre los cuatro hermanos hay dos: José Luis, presidente del grupo, que quiere mantener la propiedad de sus acciones, y Pilar, cercana a los Ferrer, que bloquean la operación de venta. Los otros dos: Pedro y Eudald, se muestran partidarios de la venta propuesta por los Hevia.

CARMEN FERRER

Carmen Ferrer, fallecida ayer a los 96 años, era la madre de Enrique Hevia, vicepresidente y director financiero de Freixenet, y de otros tres hijos: Carmina, Agustina y Montserrat. Todos ellos son propietarios del 29 % de la empresa y son la rama de la familia que está decidida a vender su participación al grupo alemán de bebidas Henckell & Co. Con la muerte de Carmen Ferrer, queda solo ya José Ferrer, nonogenerario, el menor de los hermanos, como representante de la segunda generación de la compañía fundada por sus padres a principios del siglo XX.