No existe un retrato robot de los consejeros

¿Cómo llega un directivo a convertirse en consejero?

Hace años equivalía al retiro dorado del ejecutivo

Hoy, la figura del consejero está profesionalizada

¿Cómo llega un directivo a convertirse en consejero?
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Becario, empleado en prácticas, empleado júnior, empleado senior, jefe de área y director de departamento. Este es el orden habitual de los puestos ocupados por quienes hacen carrera en una misma empresa. Si sigue prosperando llegará a la alta dirección. Y, posteriormente, solo le quedará entrar en el consejo de administración.

¿Cómo se produce este último salto? No hay un solo camino para hacerlo. Las formas más obvias son emprender, y por tanto entrar como accionista, o pertenecer a la familia que controle la compañía. Para el resto de los mortales, el camino hasta ocupar un asiento en el consejo no será sencillo.

“Lo normal es que la forma de llegar por primera vez al consejo sea como consejero delegado”, apunta Krista Walochik, presidenta y consejera delegada de la firma de consultoría de liderazgo y búsqueda de directivos Talengo. “Se trata de una posición muy solitaria: por una parte hay que defender el plan estratégico y por otra los interesas de los accionistas, que no siempre son los mismos”.

Mejor salario y mayor control

La remuneración media de los consejos de administración en 2014, último año del que hay cifras completas, fue de 3,2 millones de euros, de acuerdo con las cifras publicadas por la CNMV. Estos emolumentos fueron un 15,4% superiores a los del año anterior debido, según reza el documento del regulador, “a un aumento del 31,4% de la remuneración media en las empresas del Ibex 35”.

La publicación de la reforma de la ley de sociedades de capital para la mejora del gobierno corporativo (diciembre de 2014) y el nuevo Código de Buen Gobierno para Empresas Cotizadas (febrero de 2015) han actualizado, según la Asociación Española de Consejeros, los niveles de exigencia de las compañías cotizadas españolas en materia de gobierno corporativo.

Estos cambios normativos, junto a la nueva ley de auditorías, persiguen hacer más transparentes los órganos de control de las empresas.

Tanto los primeros ejecutivos como los directores financieros y los directores de asesoría jurídica son los perfiles que suelen conformar los puestos de consejeros ejecutivos, los que representan directamente al equipo directivo de la empresa. Los consejeros dominicales, por su parte, son colocados por los grupos de inversores, mientras que los independientes velan por los intereses de los minoritarios.

“Es muy raro que seleccionemos a un consejero independiente que anteriormente no haya sido ejecutivo o dominical”, asegura Walochik. Eso se debe, explica, a que las empresas no solo valoran los perfiles de personas expertas en una materia concreta, sino también que tengan experiencia en gobierno corporativo. Haber dirigido una fundación, asociación o colegio profesional también es relevante. “Las compañías quieren a gente que sepa cuál es el rol del consejero, cómo se regula una agenda anual de consejo, cómo se deben gestionar los riesgos de una organización o qué implica el cumplimiento de la ley”.

Cada caso es único. No existe un retrato robot del consejero. Aunque José Medina, socio director de Odgers Berndtson, se atreve a hacer una descripción muy aproximada de los perfiles que él suele tantear. “A menudo ya es el consejero delegado de una empresa. Suelen tener entre cinco y diez años de experiencia en la alta dirección y al menos 45 años de edad. Y poseer una carrera de éxito contrastado en el sector en el que trabajan”.

Las empresas que recurren a él para buscar consejeros independientes, la figura que más se suele demandar, piden que los candidatos tengan “una visión de futuro” sobre el negocio que dominan. “Deben tener experiencia, pero sin pasarse. A nadie le interesan las vacas sagradas”, asegura. Esa experiencia puede encontrarse también, indica, entre directivos retirados.

Otro de los requisitos que se suele tener en cuenta durante la búsqueda de consejeros es el número de consejos a los que ya pertenece el candidato. Y que estos no le supongan un conflicto. “Los consejeros tienen contactos y conocimientos que pueden ayudar al primer ejecutivo a aplicar su plan”, expone Walochik. “Entrar en un consejo antes era parte de la carrera natural de un directivo, una forma de retiro. Hoy se trata de un trabajo muy técnico. El lenguaje de los consejos es numérico, hay que saber de cuentas”.