Editorial

Cuba, territorio turístico español

El impacto internacional del reciente viaje de Barack Obama a Cuba, con la pretensión de escribir en los libros de historia el fin de un bloqueo comercial, económico y financiero de más de 55 años de EE UU a la Perla del Caribe, tiene una trascendencia empresarial de primer orden. Así lo han visto las multinacionales de los más variados sectores, pero muy especialmente los grandes grupos turísticos estadounidenses, a los que, por encima de obstáculos legislativos como la Ley Helms-Burton, les ha faltado tiempo para manifestar su aprecio por las enormes posibilidades que ofrece la isla caribeña. Ese renacido interés debe ser un estímulo más para las empresas españolas, especialmente las turísticas, con respecto a un país que, lejos de colgarles la rancia etiqueta de imperialistas que a muchos dirigentes latinoamericanos tan bien les viene para sus políticas populistas, siempre ha recibido a los españoles con los brazos abiertos. Cuando hace más de un cuarto de siglo Gabriel Escarrer Juliá, fundador de Meliá, abrió el hotel Sol Palmeras en Varadero, creó una verdadera escuela para el desarrollo turístico en aquel paraíso y, como otras muchas empresas, realizó una apuesta clara y sin temores por aquella tierra y sus habitantes. Un empeño mantenido por los grupos españoles que, ante la gran competencia que llega, habrán de ratificar y reforzar, como, por ejemplo, acaba de hacer Globalia.