El sector reclama medidas contundentes

Bruselas ofrece una mínima protección ante el dumping del acero chino

El presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker.
El presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker. Getty Images

Los atentados de la semana pasada en Bruselas trastocaron la agenda de la reunión (23 de marzo) entre el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, y el primer ministro francés, Manuel Valls. Pero ni siquiera esa tragedia impidió que ambos abordaran el declive de la siderurgia europea, uno de los sectores más castigados por la interminable crisis económica de la Unión Europea.

Juncker señaló que “la siderurgia no es una industria más, genera 300.000 empleos directos y más de un millón indirectos”. Y pidió a Valls el apoyo de Francia para las medidas planteadas por Bruselas para defender al sector ante la creciente competencia desleal de las exportaciones chinas.

La CE se ha comprometido a endurecer el control de las exportaciones de Pekín, a permitir ciertas compensaciones por el coste de reducir las emisiones de CO2 y a facilitar el acceso a fondos comunitarios. Pero la siderurgia europea se siente amenazada por China y se considera castigada por las normas medioambientales de la UE y abandonada por Bruselas.

El grito de protesta del sector resuena desde hace meses y reclama medidas más contundentes para frenar el azote de una coyuntura que en los últimos seis meses ha destruido 7.000 puestos de trabajo y más de 85.000 desde el comienzo de la crisis financiera.

La siderurgia europea se siente amenazada por China y abandonada por la Comisión

La siderurgia europea sigue siendo la segunda más potente solo por detrás de la china. Pero el gigante asiático ha pasado de ser un peligroso rival a convertirse en una amenaza letal, según Eurofer, la patronal europea del sector. “En los últimos tres años hemos asistido a un aumento del 100% de las exportaciones de acero chino a la UE”, se queja esa organización. Y, a su juicio, China ha aumentado su cuota de mercado “gracias al dumping, es decir, a la venta de su producción por debajo de coste”.

La industria china, fuertemente subvencionada, compensa en el exterior la caída de su demanda interna, que le ha generado un exceso de capacidad de 350 millones de toneladas, el doble que la producción anual de toda la UE.

La CE reconoce que la queja es fundada. Y asegura que se están adoptando medidas. Bruselas recuerda que ha batido récords en número de expedientes antidumping. Y que ha adoptado medidas de protección relacionadas con 37 tipos de producto, 16 de ellas relativas a producción china. Pero la CE también admite que las medidas defensivas tardan en llegar. Los aranceles necesitan un proceso de al menos nueve meses antes de entrar en vigor.

El 16 de febrero, al día siguiente de una manifestación de patronal y trabajadores ante las instituciones europeas, la Comisión aprobó una comunicación en la que promete endurecer el control sobre el dumping chino, acelerar las represalias y adoptar aranceles preventivos si hiciera falta.

EE UU se defiende con aranceles de hasta el 265% y la UE, del 13%

  • División europea

Bruselas sugiere la posibilidad de elevar los aranceles antidumping en el sector del acero, que ahora se aplican al nivel más benigno posible. Eurofer asegura que en algunos casos el arancel ha sido del 13% cuando el castigo debía haber sido del 60%. Y recuerda que en EE UU, donde los aranceles se pueden aprobar en menos de cinco meses, se han llegado a imponer del 265% a ciertos productos siderúrgicos chinos.

Pero la mayoría de las propuestas de la Comisión necesitan el visto bueno del Consejo de Ministros de la UE, donde se sientan los 28 países de la Unión. La división de la UE impide una respuesta similar a la estadounidense. Al choque habitual entre países productores y consumidores se une la propia esquizofrenia comercial de los países perjudicados por el dumping siderúrgico pero con intereses más sustanciales en otras áreas. Reino Unido y Bélgica, por ejemplo, forman parte de los países que por un lado reclaman a Bruselas que defienda al sector siderúrgico y, por otro, frenan en el Consejo el endurecimiento de aranceles.

Discrepancias sobre la factura del CO2

Otro de los motivos de queja del sector siderúrgico es la reforma del mercado de emisiones de CO2. La Comisión Europea pretende endurecer la concesión gratuita de derechos de emisión para revalorizar unos títulos que se han desplomado y han dejado prácticamente inservible un mercado cuyo objetivo era penalizar a las empresas menos eficientes en el recorte de emisiones.

El sector calcula que las nuevas normas, aplicables a partir de 2020, supondrán un coste de 32.300 millones de euros en 10 años, un impacto que, según Eurofer, devorará el margen de beneficio de la siderurgia europea. El cálculo, elaborado por Ecofys, se basa en que el sector deberá adquirir entre el 31% (2021) y el 48% (2030) de los títulos a un precio de entre 20,1 euros al comienzo del periodo y 40,7 euros por tonelada, con una factura total de 26.100 millones. A ello se añadiría, según Ecofys, otros 8.200 millones de euros como coste indirecto del CO2 a través de la factura de la electricidad.

La CE pinta un panorama mucho más halagüeño. Bruselas subraya que la electricidad y el gas registran sus precios más bajos desde hace 12 y 6 años respectivamente. Y que la diferencia con otras zonas con energía más barata se ha recortado, en particular con Estados Unidos.

La Comisión recuerda también que las industrias como la siderurgia podrán seguir recibiendo gratuitamente derechos de CO2 más allá de 2020 hasta un nivel necesario para incentivar a las instalaciones más eficientes.