Más allá del 'fintech'

En defensa del asesoramiento automatizado

La eclosión de iniciativas en el ámbito de la tecnología llevada al sector financiero es buena para el inversor. La banca y el regulador no deberían poner trabas a estas iniciativas.

Varios corredores de bolsa trabajan en la Bolsa de Nueva York.
Varios corredores de bolsa trabajan en la Bolsa de Nueva York.

El fintech está de moda pero todavía son bastantes las personas que desconocen incluso de su existencia. Básicamente se trata de llevar el mundo de la tecnología a las finanzas con el objeto de aumentar la eficiencia de este último sector, el financiero. Abarca todos los campos del mismo por lo que existen iniciativas en el negocio de transacciones, préstamos/crédito, gestión de inversiones, etc.

Básicamente toda la actividad que hace la banca en España está sujeta a la irrupción de nuevos competidores que presten esos servicios de forma más eficiente (barata y rápida) y mejor. En ocasiones va más allá de la tecnología que solamente juega un papel de puro instrumento y tiene que ver con la innovación en sentido amplio, tanto de procesos como de modelos de negocio.

En el terreno que nos ocupa en estas páginas, el de la gestión de las inversiones y los fondos de inversión, la profusión de iniciativas es también muy abundante y en el país líder del mundo en esta área como no podía ser de otro modo, Estados Unidos, ya no se puede hablar de iniciativas sino de realidades ya que muchos de estos proyectos se están consolidando y creciendo a elevados ritmos.

Básicamente, cada vez mayores capas de la población están adoptando o cambiando a estos nuevos proveedores de servicios. Además, la bondad de las propuestas queda refrendada porque mayoritariamente el cliente que da el paso hacia el fintech no vuelve a los proveedores de servicios tradicionales.

La llegada de nuevas iniciativas y propuestas al terreno de la gestión y asesoramiento de las inversiones y el ahorro abarca también todos los campos de la misma.

En el puro mundo de la gestión se están desarrollando tecnologías que buscan gestionar grandes cantidades de información de una forma más eficiente que lo haría un humano. A fin de cuentas, un “gestor humano” lo que hace es buscar información, procesarla y reflejarla en una cartera de inversión que va modulando en el tiempo.

Así, algunos de ustedes habrán escuchado la creciente intervención en los mercados de los “algos” (de algoritmos), referido a ordenadores y programas informáticos que procesan ingentes cantidades de información (numérica y de texto) en milisegundos y lanzan órdenes de compra y venta automáticamente.

En realidad, en este caso se trata de llevar los modelos de gestión cuantitativos, que llevan siendo una realidad durante al menos dos o tres décadas (desde que hay informática), a un nuevo estadio donde se procesa más información, y de todo tipo.

En este particular terrero la bondad del fintech aún está por ser testada porque la gestión cuantitativa tradicional, aunque ha conseguido ganar su pequeño espacio dentro de la gran tarta de la gestión de inversiones, nunca ha dejado de ser minoritaria, en la práctica como consecuencia de que nunca ha sido capaz de demostrar su superioridad sobre la gestión humana.

Las primeras evidencias de los fondos hedge o programas de inversión algorítmicos no apuntan de momento a que sean capaces de mejorar los tradicionales modelos cuantitativos. Probablemente el mundo de la inversión y de la economía tiene demasiada complejidad, variables y factores humanos para que las máquinas, aunque sean mucho más sofisticadas que las de hace sólo un par de años, puedan batir a los humanos.

El otro gran área donde el fintech es muy activo y donde sí que parece se dan los condicionantes para ser una propuesta que mejora en mucho el modelo actual es el del asesoramiento de inversiones. Algunos lectores habrán oído hablar de los robo advisors o asesoramiento automatizado. El primer factor que mejoran es el del coste, que es un factor absolutamente decisivo y el más predictivo en los resultados de las inversiones en el medio y largo plazo.

Los proveedores actuales tienen enormes bases de costes, ineficiencias y conflictos de interés que hacen que el coste de invertir sea extraordinariamente elevado, minando gravemente los resultados que los ahorradores. Solo por ello ya son una propuesta más atractiva.

Respecto al servicio, la tecnología permite obtener hoy en día un buen perfilamiento de cualquier ahorrador y proporcionar información de alta calidad.

Por último, la excelencia de los resultados va a depender también de cómo se construyen las carteras de inversión pero por ejemplo a través de una gestión pasiva de costes muy bajos tenemos la experiencia de muchos años de que superarán los retornos del 90% del sector.

Así, el típico perfil equilibrado representado por el clásico 50% renta variable y 50% renta fija, con índices de referencia clásicos como el MSCI World y el Citigroup respectivamente, no son superados por una inmensa mayoría de carteras y fondos de inversión de este mismo perfil. En la gestión de fondos y pensiones española por prácticamente ninguno.

La conclusión es que el fintech es bueno para el inversor final. Si reguladores (estos últimos no tienen perdón) y entidades financieras en España se dedican a dificultarlo en lugar de colaborar con él y facilitarlo, el ahorrador y la sociedad pierden a corto plazo pero en última instancia no podrán evitarlo y serán los grandes perdedores de esta revolución.